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Cannes: Años 90
Escrito por Error Humano   
Sábado, 22 de Noviembre de 2008


Valoración espectadores: 9.63

Cannes: Años 90

Si algo caracterizó el Festival Internacional De Cannes durante esta década fue la consolidación del giro hacia el cine independiente que inició a finales de los 80 y que siempre había flotado en el ambiente. Cannes premió y descubrió en estos años a genios indies que, posteriormente, serían muy conocidos: David Lynch, los hermanos Coen, Mike Leigh, Kusturica, Kiarostami, Ken Loach, los hermanos Dardenne, etc… Exponentes de un tipo de cine que ha llegado a asimilarse con el festival en sí, cuando, en realidad, no siempre fue así. Todo un acierto por parte de la comisión directiva del evento, que durante este período fue presidida por Pierre Viot y con Gilles Jacob como influyente delegado general.

*  Consulte la crítica de los films galardonados con la Palma de Oro, pinchando sobre los títulos destacados en negrita.

*  Consulte el palmarés completo de cada año, pinchando en los años destacados en negrita.

 

La primera edición de los 90 resultó algo pobre en cuanto a grandes títulos propiamente dichos, si bien hubo geniales directores paseando cinta por el certamen. Aunque aportaron material notable, ninguno rozó lo mejor de su carrera. Lynch y Ken Loach fueron los más representativos de este grupo, alzándose con la Palma de Oro la brillante e irregular cinta Corazón Salvaje (Wild At Heart, David Lynch), quedando Agenda Oculta (Ken Loach) como uno de los Premios del Jurado. Sin embargo ninguno de ambos realizadores resultaría agraciado con el título de mejor director, que fue para el semidesconocido Pavel Lounguine por su film Taxi Blues. Fue el año de Depardieu que vio premiado su esfuerzo de pegarse a una nariz con el Premio al Mejor Actor por Cyranno de Bergerac (Jean-Paul Rappeneau).

En 1991 los hermanos Coen imitaron a Julio César, llegando a las Galias, viendo y venciendo. Fue la indiscutible celebración de Barton Fink (Joel & Ethan Coen), que arrasó con la Palma de Oro, mejor dirección y mejor actor para John Turturro. En el camino quedó la genial y ambiciosa Europa de un enojado Lars von Trier que reprendió duramente a Polanski, presidente del jurado de aquel certamen. Los Coen también se impusieron a nombres de la talla de Kieslowski que presentó La doble vida de Verónica o el polémico Spike Lee con su historia de amor interracial en Fiebre Salvaje, todas ellas destacadas con  Premios del Jurado. Un disputadísimo año con grandes películas a concurso.

Mientras el mundo quedaba asombrado con el oscarizado western Sin Perdón (Eastwood), Cannes vivió en el 92 un año irregular en el que destacaron El sol del membrillo de Victor Erice, Regreso a Howards End de James Ivory, o la aportación de Robert Altman, El juego de Hollywood, que a él le valió el premio al mejor director y a Tim Robbins el de mejor actor. Sin embargo, la triunfadora fue de nuevo, como en 1987, una extensa y lograda película del sueco Bille August titulada Las Mejores Intenciones, con guión de uno de los ídolos de Cannes: Ingmar Bergman.

1993 fue la primera edición del decenio en la que la Palma de Oro se repartió, Adiós a mi Concubina de Chen Kaige y El Piano de la neozelandesa Jane Campion compartieron ex-aequo el máximo galardón. Sin embargo, resultó ampliamente más conocida la segunda, tanto por su aceptación por parte del público como por romper una maldición o costumbre del festival, El Piano fue la primera cinta dirigida por una mujer que se alzaba con la Palma. Una vez más, ilustres nombres quedaron a las puertas: Mike Leigh, consolado con el premio de mejor director por Naked; de nuevo Ken Loach, esta vez con Lloviendo Piedras o el intelectual Wim Wenders por ¡Tan lejos, tan cerca!.

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Definitivamente, la década en Cannes se consagró como atrevida, artística y creadora de tendencias en su parte media.
En los tres años siguientes se atrevieron a premiar correlativamente al enfant terrible Quentin Tarantino y su obra maestra Pulp Fiction, consagraron el peculiar talento de Emir Kusturica por Underground y el siguiente año, concedieron la Palma de Oro a los Secretos y Mentiras de Mike Leigh. Una apuesta renovadora por nuevos y grandes cineastas, alejados del cine arquetípico. Todo un contrapunto a los ganadores del Oscar de la Academia en aquellos años: Forrest Gump, El Paciente Inglés y Titanic. Ni mejor ni peor, solamente diferente, lo cuál resulta inequívocamente enriquecedor tanto para el espectador como para el propio festival, que seguía reafirmándose en su espíritu propio.

En 1994, el año de Pulp Fiction, el premio al mejor director fue a parar a manos de Nanni Moretti por Caro Diario, otro de los nombres recurrentes en el certamen, al igual que Zhang Yimou que participó en esta ocasión con Huozhe (Vivir!), consiguiendo entrar en el Premio del Jurado y alzarse con el de Mejor Actor para su protagonista You Ge. La Reina Margot de Patrice Chéreau fue otra de las cintas destacadas en el año.

Underground de Emir Kusturica se impuso con claridad en el 95 frente a cintas como La Mirada de Ulises de Theo Angelopoulos que se hizo con el Grand Prix o El Odio del joven realizador y actor Mattiehu Kassovitz, que consiguió el premio al mejor director. Destacable resultó la actuación de la siempre inspirada Helen Mirren en La locura del Rey Jorge y así se lo reconoció la organización otorgándole el premio a la Mejor Actriz.

Si alguna selección resultó verdaderamente polémica en el período que nos ocupa, ésa fue la de 1996. Si tras varios intentos Mike Leigh conseguía con Secretos y Mentiras que una película suya consiguiera la preciada Palma de Oro, otro de los habituales del festival, Lars von Trier, volvía a ver como su obra quedaba a las puertas de la gloria. Rompiendo las Olas, presentada por von Trier con la arrogante afirmación de que “todo lo que no sea lograr la Palma de Oro será una decepción”, al menos se alzó con el Grand Prix, mientras Joel Coen conseguía el premio a la mejor dirección por la mítica Fargo. Un año muy competido, pródigo en grandes propuestas, en el que también destacó la inquietante Crash del maestro Cronenberg, que consiguió el Premio Especial del Jurado. Grandes nombres, grandes títulos, sin duda, una de las mejores cosechas de la historia del evento.

El acontecimiento más significativo de la década tuvo lugar en 1997 con la celebración del 50 aniversario del Festival Internacional de Cine de Cannes. Medio siglo de películas que fueron homenajeadas aquel año, juntando para la ocasión a todos los directores ganadores de una Palma de Oro. Especialmente emocionante y relevante fue el sentido reconocimiento que se le otorgó a la carrera del genial cineasta Ingmar Bergman, que fue condecorado con la Palme des Palmes, un especial galardón creado para la ocasión y que agrandó la leyenda del realizador sueco.

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Con respecto a la competición, 1997 viró hacia Oriente y premió varias candidatas del Este del planeta. Por segunda vez en la década el premio fue compartido. El sabor de las cerezas del iraní Abbas Kiarostami venció ex-aequo junto a La anguila del japonés Shohei Imamura. En la misma línea también sacaron tajada Wong Kar Wai, nombrado Mejor Director por Happy Together o, ya en la frontera de vuelta hacia occidente, el turco Atom Egoyan por El Dulce Porvenir que logró el Grand Prix del jurado. Otros nombres ilustres que pasaron con acierto por el festival fueron el de Sean Penn, ganador por su actuación en Atrapada entre dos hombres de Nick Cassavettes, o el de Gary Oldman, éste como director con su obra Los golpes de la vida (Nil By Mouth) que logró el premio de mejor actriz para Kathy Burke.

La penúltima edición de la década estuvo realmente repartida, premiando al clásico John Boorman por su dirección en The General, siendo La eternidad y un día del griego Theo Angelopoulos la ganadora de la Palma de Oro de 1998. A las puertas se quedaron otros films interesantes como La vida es bella de Benigni que consiguió el Grand Prix, la revisión del glam Velvet Goldmine de Todd Haynes o el film de culto Celebración de Thomas Vinterberg, primer experimento del manifiesto Dogma. En el apartado particular, Peter Mullan logró el premio a la mejor actuación por su retrato de un desempleado en Mi nombre es Joe de Ken Loach, quien una vez más, quedó a las puertas de lograr su preciada Palma.

Casi sobre la bocina de la década, encontramos la aportación española al palmarés de Cannes: Pedro Almodóvar, quién si no, se alzaba en 1999 con el premio a la mejor dirección por la elogiada Todo sobre mi madre, mientras la Palma de Oro recaía de nuevo en el cine social, esta vez llegado desde Bélgica, Rosetta de los hermanos Dardenne fue la gran triunfadora consiguiendo el premio principal y el de mejor actriz para su protagonista Émilie Dequenne, compartido, eso sí con Séverine Caneele por L’Humanité de Bruno Dumont, sin duda, la otra película destacada del año, ganadora también del Grand Prix.

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Finalmente, los años 90 se cerraban con saldo positivo para el Festival Internacional de Cine de Cannes, que consolidaba su posición, creando una buena imagen de marca con estilo propio y lanzaba al mundo toda una generación de autores cuyos nombres permanecerán por siempre ligados a la historia del evento.

Una mirada diferente al séptimo arte que resultará imprescindible y genial para algunos y demasiado pedante o experimental para otros. Sea como fuere, Cannes sigue generando historia y es, por cobertura, impacto mediático y prestigio una de las citas a marcar en rojo en el calendario del mundo del cine.


Tags: cannes  palma de oro  
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