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Videoclubs: ascenso y caída
Escrito por Inmafun   
Jueves, 25 de Septiembre de 2008


Valoración espectadores: 8.69

 

Videoclubs: Ascenso y caída

Años 80. No cabe duda de que aquella fue la época dorada. ¿Quién no recuerda el que abrieron en su barrio? Florecían como por arte de magia en lugares estratégicos y nos regalaban momentos inolvidables. Y es que nuestra niñez  estuvo en cierto modo marcada por las regulares visitas de fin de semana al videoclub,  ese cuchitril en el que se apilaban montones de películas en formato VHS y BETA y que con el paso de los años, ha sido objeto de una metamorfosis radical que nos ha hecho en ocasiones echar la vista atrás para preguntarnos si quizá aquel tiempo pasado fue mejor.



La codiciada asignación económica venía de la mano del viernes, a la salida del cole. Con tus pobres pero merecidas ganancias te aproximabas a la puerta, la abrías con expectación y dentro atisbabas un personaje peculiar de veintitantos. Era Mariano. Detrás del mostrador limpiaba con esmero y una bayeta húmeda el polvo que se acumulaba en las cintas y te daba la bienvenida a su peculiar guarida con una cálida sonrisa de cómplice. Como de costumbre me ponía a echar un escueto vistazo, pero la inexperiencia me abrumaba con títulos y títulos desconocidos. Mariano ya sabía lo que buscaba, ya conocía mis preferencias. Pero no me recomendaba nada hasta que no manoseabas unos cuantos ejemplares y comenzaba a dudar. Creo que le gustaba observarme perdida y vacilante. Esperaba el momento culmen del ensimismamiento para acercarse por detrás y ofrecerme el nuevo género que había recibido aquella misma semana. Ya no importaba que la única copia de Indiana Jones de la que el videoclub disponía tuviese un papelito de cuaderno de cuadrícula adherido con cinta adhesiva en el que se leía un “alquilado” escrito con un boli Bic azul.


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Mientras te decidías por una de los Kung Fu Kids o por una burda imitación al estilo de las de Bruce Lee, entraba Juanito, cincuentón soltero conocido por todo el barrio. Mariano y yo nos mirábamos con complicidad. Sabíamos a lo que venía. Él también codiciaba aquel momento. Y a pesar de tener  más que claro su género fetiche, merodeaba disimulando entre el resto de estanterías hasta que reunía el valor suficiente para situarse frente a las cintas subiditas de tono. Mariano sabía que a él era mejor no ayudarle a elegir. Incluso era mejor no hablarle. Prefería sentirse como un fantasma, invisible a nuestros ojos.

Mariano sabía cómo tratar a cada cliente. Y es que éramos su más preciado tesoro. Nosotros y su colección de películas. Aún recuerdo verlo examinando el material novedoso.  Creo que no había cinta en su local que no hubiese pasado por la pequeña televisión situada estratégicamente frente a su puesto de mando. Se notaba que le fascinaba lo que hacía.


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Recuerdo que fue una tarde de verano cuando me sorprendí al ver que la reja de la entrada estaba echada. Cerrado. Cerrado para siempre. Durante muchos años el local permaneció abandonado, sin dueño, como guardando luto. Luego pasó por muchas otras manos y tuvo diversas finalidades. Fue la caída del videoclub del barrio, del mío y de muchos otros. Fue una reacción en cadena, fueron desapareciendo uno a uno. Pocos sobrevivieron a la masacre. Unos monstruos se apoderaban de los lugares más céntricos y con sus estilosas estanterías y sus llamativos carteles hicieron que la extinción fuera inevitable. Los estrenos ya no se limitaban a una única y disputada copia, sino que se contaban por decenas y como un ejército de clones, formaban hileras pidiendo a gritos ser alquiladas. Los aficionados acudían como moscas a la miel. Había más oferta, claro, y los precios también eran algo más asequibles. Las franquicias no tardaron en usurpar el poder con turbadora presteza.

El formato BETA había dejado huérfanos a miles de usuarios. El VHS también vio como su declive se hacía inminente.  Los limpiadores de cabezales lloran su muerte aún. Llegó la era del DVD, que de manera eficaz ha suplido las desventajas de los antiguos formatos que, ahora, como antiguallas amontonadas en las esquinas del videoclub, buscan un dueño que les ofrezca un hogar junto a más vestigios de su obsoleta especie a cambio de ejercer de carne de relleno para estanterías.


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Vivimos el apogeo del DVD como artículo de alquiler, pero el poderoso titán que por momentos ha sido gobernador indiscutible del imperio del videoclub, está viendo como sus súbditos, en un pasado leales, rinden pleitesía a otro rey. Me refiero a internet y sus programas de descarga. Sin entrar en cuestiones éticas y sin intención de hacer apología ni defenestrar el extendido pirateo (simplemente filosofo),  me veo en la obligación de hacer alusión a la potencial decadencia de, no sólo el DVD y demás formatos en boga, sino del negocio del alquiler en sí. El antiguo cliente, poseedor de una nueva arma condecorada con el galardón de “red de redes”,  ha descubierto  el placer de disfrutar de un estreno de forma gratuita y sin necesidad de desplazarse a buscarlo a la cadena de videoclubs de confianza. Tan solo es cuestión de horas disponer de cualquier título concebible. Y es que ya son muchos los que han decidido sustituir la automatizada sonrisa de las atractivas dependientas uniformadas por la comodidad del ratón.


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Nada escapa al cruel paso del tiempo. Las innovaciones avanzan con paso firme dejando tras de sí una estela de cadáveres tecnológicos que pasan a formar parte de la nostalgia colectiva. Puede que en breve asistamos a la triste caída del DVD y, en consecuencia,  a la del videoclub de cadena que, quizá maldito por la devastación que causó entre los pequeños propietarios predecesores, vea cómo su imperio se desmorona y pasa a formar parte del recuerdo.

Yo, por mi parte, seguiré añorando a Mariano. Como amante despechada me paseo por las franquicias semanalmente. Y sin duda lo seguiré haciendo hasta que el aniquilador paso del tiempo se encargue de reducirlas a reliquias de otra época. Al fin y al cabo la vida sigue y nada escapa al indefectible cambio.



A todos los caídos. Especialmente a Nacho.




 

 

Tags: videoclubs  apogeo  crisis  VHS  BETA  
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Comentarios (4)
  • Tyler Durden

    Yo en vez de a Mariano tenia a Ana, madre mia, estaba loca y puerilmente enamorado de mi fiel dependienta de videoclub, hasta que un dia cambió repentinamente absorbida por una franquicia... has hecho que se me salte la lagrimilla...jodía.

  • Rolo Tomasi

    yo nunca he sido un cliente habitual de los videoclubs (yo era más de grabar pelis en el video y luego verlas cuando tenía un rato libre) pero también me da cierta nostalgia de aquella época, cuando iba a preguntar por si tenían la última de las tortugas ninja y poco más, :D

  • barry lyndon

    siempre me ha gustado pasar mucho tiempo en el videoclub eligiendo la peli, me parecían santuarios encantadores.. hasta q empezá a superalos con mi colección. La verdad, me chiflaban.

  • Carmelo, el del Cádiz CF

    Genial! No puede haber cinéfilo de nuestra generación que no se sienta totalmente identificado.

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