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Fauna cinéfila: tipos y estereotipos
Escrito por Inmafun   
Jueves, 07 de Agosto de 2008


Valoración espectadores: 8.52

 

Fauna cinéfila

Existen dos grandes tipos de colectivos cinéfilos en los que podríamos dividir la población. El primero de ellos sería el de los talibanes de los 35 milímetros. Son siempre defensores a ultranza de la magia de la gran pantalla. No osarían esperar al lanzamiento de un DVD con tal de ahorrarse unos euros, haciendo siempre gala del consabido lema “no tiene el mismo encanto que verla en el cine”.

Por otro lado encontramos al segundo gran grupo, que tentado por el ritual ancestral del sofá y el pijama, perseveran en su afán de hacer ver al resto del mundo que la comodidad del hogar y la opción pause del reproductor son un paraíso poco o nada equiparable a los escasos centímetros que separan tu butaca y la del de delante. Imperecedero tópico de conversación de los de caña y tapa y unos cuantos amigos, al que recurrentemente acudimos para animar nuestras veladas.

Sin embargo, no es ésta la única división que podemos trazar en este ámbito. Las diferencias entre especímenes dentro de las salas puede llegar a ser abismal. Al fin y al cabo hay multitud de géneros cinematográficos y cada uno de ellos está dirigido a un tipo concreto de público.

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El primer subgrupo al que quiero hacer referencia es al que podríamos considerar como el mayor depredador, el más temido y odiado por sus congéneres. Me refiero a los incordios de salas. Parecen no mostrar ningún tipo de respeto ni interés por el mundo del cine, no obstante, no pasará semana en la que falten a su ineludible cita con la gran pantalla. Son asiduos clientes de los multicines y su simple presencia puede provocar en el resto de la comunidad ataques de pánico. Su hábitat natural suele limitarse a las proyecciones tipo Scream, Dos colgaos muy fumaos o Colega, ¿dónde está mi coche? Si una película parece contener sustos gratuitos, sexo o chistes facilones no dudarán en marcar territorio. Son fácilmente identificables: los verás aparecer en la sala cuando la película lleva más de diez minutos empezada, eso sí, cargados de palomitas y refrescos. Y es que al incordio profesional no le importa perderse el comienzo de película por hacer cola en el bar. Ha de saciar su voraz instinto palomitero y no se adentrará en las profundidades de la sala si no es con todo un arsenal alimentario. La edad media del incordio común suele oscilar entre los 15 y los veintimuchos. Por lo general, se desplazan en grandes manadas, fácilmente identificables por los graznidos que emiten en la fase previa a la obtención de la entrada. Cuidado con ellos.

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En segundo lugar encontramos a uno de los colectivos más misteriosos del panorama: el cinéfilo pseudo-independiente. Una característica común a todos ellos suelen ser las gafas de pasta y el gusto por los cineclubs. Estos ejemplares suelen moverse como pez en el agua en proyecciones tipo Inland Empire o Dogville. Su gusto por el cine innovador y de tendencia es indiscutible, pero se dejarán tentar por superproducciones épicas como El señor de los Anillos o por comedias en la línea de las de Woody Allen. Mostrarán también gran interés por directores orientales de nombres monosilábicos imposibles de recordar. Sus costumbres suelen ser bastante exóticas: no se levantarán de la butaca hasta que no haya aparecido el último título de crédito (a pesar de ser pisoteados por toda una fila de espectadores) y cuando se decidan a hacerlo, comentarán muy bajito entre ellos cuestiones técnicas y trascendentales sobre la cinta que amenizarán el regreso a la madriguera.

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Proyecciones como Noviembre Dulce o Mi vida sin mí serán muy del gusto de las denominadas féminas en celo constante. Ante la carencia afectiva de un macho, esta especie se decantará por la visita a las salas como inhibidor de su frustración sexual. De carácter romántico y soñador, se desplazan en parejas semanalmente para obtener su ración doble de edulcorante que, en ocasiones, suelen alternar con el alquiler de un clásico desgastado del estilo de Pretty Woman y una dosis elevada de Häagen-Dazs. Terminada la cinta, podrán pasarse toda la noche fijando como objetivo a machos del entorno y trazando planes de asalto que, normalmente, se ven relegados a meras tentativas debido a la idealización del ritual de apareamiento a la que constantemente se ven sujetas y que es consecuencia directa de las altas cantidades de azúcar que les proporciona el visionado masivo de trabajos protagonizados por Richard Gere. Suelen compartir prototipo de ideal masculino y no cesarán en la búsqueda de su George Clooney, Brad Pitt o Matt Damon particular. Sin duda, Sissi emperatriz hizo estragos en toda una generación.

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Las buenas calificaciones de la camada son las que suelen producir la estampida masiva en dirección a las salas del colectivo denominado familia feliz. La tradicional a la vez que económica colleja que premiaba el esfuerzo de los más pequeños de la prole, ha sido reemplazada progresivamente por la visita al cine. El objetivo de tal despliegue será la última producción de Disney o Píxar. Los insaciables cachorros, aprovechando la debilidad emocional que producen sus logros académicos en los abnegados progenitores, demandarán insistentemente todo tipo de piscolabis que amenizarán el transcurso de la cinta. Una vez ya en la sala y acomodados en sus respectivos habitáculos, los pequeños no tardarán en sentir la imperiosa necesidad de levantar a toda una hilera de espectadores para acudir al excusado, bien por su poco desarrollado control de esfínteres, bien por el solemne aburrimiento que produce ver una y otra vez el mismo tipo de película, inevitablemente protagonizada por los mismos bichos de siempre, ya sean peces, osos o insectos. La sesión suele cerrarse con un caluroso aplauso dirigido a no se sabe quién (quizá al encargado de poner el rollo...). Ésta curiosa costumbre de acudir en familia al cine supone un meritorio esfuerzo económico por parte de los progenitores, ya que si la camada supera los dos ejemplares, deberán reestructurar el presupuesto mensual dedicado al ocio y apañárselas con un tablero de parchís los restantes fines de semana. Todo un reto.

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Otra extraña especie que puebla las salas es la que conforman los adictos al terror. Estigmatizados por una cruel infancia en la que eran tentados por sus hermanos mayores a ver Historias de la Cripta, Más allá del límite y Expediente X, han desarrollado un feroz instinto que les arrastra a devorar toda película protagonizada por vampiros, criaturas del pantano o extraterrestres. El zombi suele ser su engendro fetiche y no dudará en corregirte con aire altivo si te refieres a un infectado tipo 28 días después como tal. Puedes encontrarlos en las salas en proyecciones como las de La tierra de los muertos vivientes o Rec. Admiradores a ultranza de George A. Romero, declararán La noche de los muertos vivientes como mejor película de todos los tiempos. La nueva ola de terror oriental sembrará la polémica entre los de esta especie, ya que encontraremos defensores acérrimos de esta nueva tendencia al igual que completos detractores. Podrán pasarse horas debatiendo sobre estos menesteres. Su comportamiento en la sala suele ser intachable, ya que debido al canguelo generalizado que produce el género del terror no osarán esbozar ni una sola palabra. Eso sí, tras algún susto dejarán escapar algún gritito que modestamente taparán con un ataque de tos repentino, ya que al estar curtidos en el género sus congéneres interpretarán tal reacción como un signo de debilidad y será objeto de burla durante una larga temporada.

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El sexto y último colectivo al que me gustaría hacer referencia es al de los amantes del petardazo. Todo film que contenga interminables persecuciones en coche, explosiones y peleas será de obligada visión para ellos. Debido al vacío argumental que suele presentar este género cinematográfico, este subgrupo deberá convertir la sesión en todo un festival gastronómico. Los nachos con queso, la hamburguesa triple y la coca cola maxi se convertirán en sus más fieles aliados. Marcados en la etapa de la niñez por las películas de Chuck Norris, Karate Kid y Van Damme, tratarán de emular a sus héroes en la fase adulta castigándose los bíceps en el gimnasio o apuntándose a clases de kick-boxing (iniciativas que suelen quedar en intentos frustrados). En muchas ocasiones, si observamos sin que nos advierta a un amante del petardazo durante una escena de explosiones encadenadas, descubriremos que articula una serie de onomatopeyas incompresibles para el ser humano, tales como ¡biiiimbaaa!, ¡zas!, ¡fiiiiiuuuu!, ¡plash! Un espectáculo de sonido inigualable. Sólo tienes que sentarte entre dos ejemplares de esta especie si quieres vivir al límite un dolby surround de última generación. A parte de sentir una irremediable debilidad por todos los trabajos de Michael Bay (La roca, Armaggedon, Pearl Harbour, Transformers... ), también se deleitarán con pelis de bichos gigantes que destrozan ciudades (tómense como ejemplo Godzilla o King Kong).

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Para comprobar en pleno apogeo las diferentes categorías en las que podemos diseccionar la fauna cinéfila no dude en camuflarse entre la multitud el día del espectador. Observe sus movimientos, acerque la oreja y capte sus animadas conversaciones mientras esperan en la cola de la taquilla. Comprobará en su propio pellejo de lo que hablo e irremediablemente, sentirán la necesidad de autocatalogarse. Les reto a hacerlo.

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Comentarios (13)
  • Rolo Tomasi

    jajajaja, muy bueno.

    El momento más tenso que se puede vivir en una sala de cine es cuando los incordios de salas invaden (casi siempre por equivocación debido a un cartel que lleva a la confusión) el hábitat de los cinéfilos pseudo-independientes que raramente no acaban en avisos de estos últimos del tipo: ¿Queréis callaros de una p... vez?

  • error humano

    Si hay que autocatalogarse me quedo con el pseudo-independiente. Me odio.

    Y en cuanto a la primera discusión, cada vez más defensor de la tranquilidad del hogar debido, precisamente a alguno de los tipos y estereotipos mencionados. Ayer (miércoles, día del incordiador)se me ocurrió acudir y me di cuenta de lo asocial que puedo llegar a ser: la gente me molesta! Ay, que cascarrabias soy!

    Divertido artículo! Felicidades!

  • barry lyndon

    La verdad no me termino de catalogar....Creo que en próximos articulos seguro que descubres más especies.. un naturalista siempre descubre alguna más. Yo conozco también a los cinéfagos, esos seres que ni molestan, ni van con pretensiones al cine, pero mantienen las salas económicamente viables, echen lo que echen. También existe la raza en versión salón de casa,que ve cualquier cosa con la misma aceptación y calificación de "entretenido" un telefilme de antena 3 sobre el titanic, como el propío multioscarizado film de cameron.

  • Tyler Durden

    Jejeje, ke bueno fun, leyendolo me acabo de dar cuenta que hay una raza extinta que es la de las parejas que iban a hacer guarreridas españolas en la fila de atras, todo un clásico, que ha sido de ellos. Supongo que la "Yeni" se quedo preniada y el "Yonan" estará a punto de salir de proyecto hombre.

  • ottoreuss

    hey guys!!

    ha quedado muy pero que muy chula la web; ya le he dicho a fun q a ver cuándo os pasáis por el periódico y hablamos despacio

    un saludico!!

  • HollywoodExpress  - Genial

    Cuanto me e reído, pero tengo que decir que también echado en falta algún que otro genero cinefilo...porque yo podría ser un poco de los gafapasta y las fans de richard gere...pero creo que soy algo mas que eso..

    Mis mas sinceras felicitaciones, genial...

  • HollywoodExpress  - re:

    Creo que Barry me a descrito

    barry lyndon escribió:
    cin éfagos, esos seres que ni molestan, ni van con pretensiones al cine/existe la raza en versión salón de casa,que ve cualquier cosa con la misma aceptación y calificación de "entretenido" un telefilme de antena 3 sobre el titanic, como el propío multioscarizado film de cameron.

    Y o seria la version del salon de casa

  • Katyhep

    Muy buena catalogación!! Me he reido un rato mientras pensaba en todas las veces que me he encontrado con las situaciones que describías.

    Mi autocatalogación me ha llevado a verme como una talibán (toma antagonismo) de los 35mm con predisposición al pseudo-independentismo y semi-adicción al terror e intolerancia radical a los incordios de sala. Por cierto, en esta última categoría, ¿entran los especímenes que se dedican en dar la predicción de lo que va a suceder en la siguiente escena, quién es el asesino o comentarios similares, en un tono de voz razonable para que lo escuche media sala (y si no ve cumplidas sus espectativas de atención, repetirá la azaña con risotada incluida)? Otros para los que habría que hacer una sala 'especial'...

    Lo dicho, muy bueno.

  • liberalitas

    Otro que se apunta al carro de los pseudo-independientes :D , aunque como a mucha gente de por aquí también tengo tientes de otras categorías, imagino que dependerá de cómo me levante jeje ...

    Un saludo a todos.

  • dawson  - Fauna cinéfila: tipos y estereotipos

    Muy bueno, aunque yo no sé en qué apartado estaria. Estaria en todos a la vez :lol:

  • nubia gabriela dias escobar  - exprecion

    ok hola ps nada que pucieran todo en listado para mas facil y eficas por alghuna prisa de tareas o algo asi
    ;) :D :side: :) :P :cheer: B) :silly: :dry:

  • omar  - tontos

    paren de mamar consiganse una vidad

  • Dialoguista  - yo soy del 2, de las feminas y del grupo familiar,

    Yo me veo en toooodas las categorias!!!!!
    Sobre todo en la segunda, el seudoindependiente. Es verdad que no me muevo hasta que se va el ´´ultimo creditooooooooo, jajajajajajja. Una vez apagaron el proyector por que eramos mi hija y yo las únicas que quedamos y no nos vieron, jajajjajaja, y me fui protestandoooooooo.
    Tambien soy del grupo familiar, pero se porta mejor mi hija en el cine que yo. Que en mi afan porque entienda la trama la molesto, mientras ella me corre con el brazo y los ojos fijos en la peli.
    Y como nooooooo, soy de las que esperan encontrar un Day Lewis en el supermercado, jajajajajajjaja

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