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Stanley Kubrick (y parte dos)
Escrito por Error Humano   
Jueves, 31 de Julio de 2008


Valoración espectadores: 9.61

EL AJEDRECISTA DE LA IMAGEN

y PARTE DOS: JÚPITER Y MÁS ALLÁ DEL INFINITO


Stanley Kubrick (...y parte dos)

“[...] el cine se mueve a un nivel más cercano a la música y a la pintura que a la palabra escrita. Por eso, las películas ofrecen la oportunidad de explicar conceptos y abstracciones sin la tradicional dependencia de las palabras".

Stanley Kubrick
(1928-1999).


Cerrada la etapa del blanco y negro en la obra de Stanley Kubrick, que se extendió desde sus primeros proyectos hasta Teléfono Rojo, con la única salvedad de la renegada Espartaco durante dicho período, por fin el director consideró que la técnica permitía captar con verdadera calidad el espectro cromático. Así, a partir de ese momento, el color irrumpió en sus películas, realizando un uso del mismo verdaderamente magistral que lo convertiría en marca diferencial en el último tramo de su impecable filmografía.

El primer largometraje de este segundo ciclo fue, también, el peldaño inicial que el realizador colocó en su particular escalera en pos de acercarse a los dioses: Kubrick anheló una obra maestra en cada uno de los géneros, atentando así contra las aspiraciones profesionales de sus homólogos, pues resultó vergonzante seguir las huellas del genio. Adentrarse en cada género explorado por Kubrick se convirtió a partir de entonces en poco menos que una Odisea, y paradójicamente o como advertencia, así se tituló la obra que se transformaría en la verdadera Catedral de la Ciencia-Ficción: 2001. Una Odisea del Espacio (2001: A Space Odyssey, 1968), situó, por fin, al género donde se merecía con una espectacular puesta en escena que aún no ha sido superada en nuestros días por ninguna otra película. Este poema visual acerca de la evolución trascendía por primera vez el celuloide e incluso a la propia obra literaria en que se basaba (El Centinela de Arthur C. Clarke, coguionista del filme) para manejarse en los terrenos de la metafísica y la filosofía. Es la mayor demostración técnica de la historia del cine, en verdadera armonía con principios físicos como el uso de los sistemas de referencia en el espacio o la ausencia de propagación del sonido en el exterior de la nave. De indispensable visionado, sin duda cambió la suerte de la Sci-Fi para siempre y supuso el único Oscar de Kubrick a título personal, como diseñador de los efectos visuales del film.


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2001, con diferencia, la película más homenajeada en The Simpsons.

Tras su épica aventura espacial, nada parecía antojarse imposible para el realizador neoyorquino, así que volviendo a la constante polémica que inundó sus obras, estrenó La Naranja Mecánica (A Clockwork Orange, 1971), un ultraviolento film basado en la homónima novela de Anthony Burgess en el que intentó plasmar (más bien, anticipar) la proliferación de bandas callejeras juveniles como mal endémico de nuestra sociedad de bienestar. El uso del color vuelve a ser poderoso, y, una vez más, Kubrick modificó ciertas leyes cinematográficas para trascender como icono del siglo XX: la influencia del film fue tal, que en el Reino Unido se produjeron verdaderos altercados debidos al creciente número de grupos violentos inspirados por la cinta. Todos los jóvenes querían ser Alex y sus drugos. Estos incidentes, provocados por una mala interpretación de la idea principal de la historia (reivindicar el libre albedrío) afectaron demasiado al realizador estadounidense, que se sumió en una crisis personal tras recibir duras amenazas por grupos conservadores, decidiendo finalmente retirar su obra de las salas de exhibición. A pesar de ello, la película se convirtió en un referente absoluto y, en nuestros días, sigue estando vigente y aún es símbolo de muchos jóvenes actuales.


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Cuidado con estos, aún te lo puedes cruzar en los carnavales de tu pueblo.

Siguiendo su particular escalada, Kubrick decidió probar suerte con el cine de época, algo que rondaba su cabeza desde que intentase filmar una obra sobre la vida y milagros de Napoleón. Durante años batalló para que saliese adelante el biopic, llegando incluso a hacerse con decorados, vestuario y Jack Nicholson como actor principal. Sin embargo, debido a problemas con la financiación (recordemos la tozudez del director para dejarse manipular por los grandes estudios), Napoleón se consagró como su proyecto maldito y, finalmente, nunca vio la luz.

A pesar de todo y para calmar la desazón, Kubrick consiguió rodar, aprovechando la preproducción de su aborto cinematográfico, su anhelada película de época, dibujando en ella maravillosamente las andanzas del buscavidas irlandés Redmond Barry en su, a todas luces infravalorada, Barry Lyndon (1975). Con una narración propia de un cuento costumbrista y rodada de modo brillante, cuenta con una fotografía inolvidable que necesitó de unos objetivos especiales de gran abertura de diafragma, cuyo diseño fue inicialmente realizado para la NASA, consiguiéndose así realizar el rodaje del film sin luz artificial, en un intento de reflejar del modo más fiel posible las espectaculares localizaciones en las que se desarrolla la historia, que incluyen fastuosos palacios y espectaculares exteriores. Otro ejemplo, sin duda, de la particular minuciosidad de ajedrecista del autor, quien guardó especial cariño a esta cinta y nunca entendió por qué apenas tuvo repercusión. Aun así, se trató de un genial nuevo movimiento del maestro que le acercaba al jaque mate en su inusual partida contra el olvido, cuyo premio final sería la inmortalidad a través del constante recuerdo de su obra.

Tras la infructuosa colaboración con Jack Nicholson como Napoleón, contó con éste para su siguiente objetivo: brindar la película más aterradora jamás filmada, El Resplandor (The Shining, 1980). Para ello planteó un escenario espeluznante y teorizó acerca del posible influjo del sombrío lugar sobre las personas que lo habitasen. Adaptó, a tal fin, la novela homónima de Stephen King y la retocó a su antojo, lo cuál no agradó al escritor. Una vez más, Kubrick manejó con maestría un lenguaje cinematográfico que hasta entonces le era ajeno, regalándonos una de las obras imprescindibles del terror, en la que se dan cita algunas de las más recordadas secuencias de nuestras pesadillas.


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Jack Torrance de cacería por el laberíntico jardín del Overlook.

La sorprendente capacidad de adaptación del cineasta no era precisamente veloz. Si bien demostraba constantemente conducirse bien en cualquier terreno, su perfeccionismo e implicación le limitaban temporalmente: cada vez se demoraban más sus estrenos, algo que contrariaba hondamente al propio director: "...mi maldición es ser condenadamente lento". A cambio, el realizador dotaba a su obra de un profundo simbolismo, milimétrica técnica, metafísica intelectual y un estilo visual único, al que cabe añadir un excelente gusto a la hora de escoger temas para la banda sonora de sus films, siempre en pos de sugerir determinadas ideas y primando sus acertadas elecciones de composiciones clásicas para secuencias inolvidables.

Así, tuvieron que pasar siete años para que viese la luz el regreso al cine bélico del genio creador de Senderos de Gloria. En esta ocasión, la visión sería muy diferente, si bien se mantenía el mensaje antibelicista. En La Chaqueta Metálica (Full Metal Jacket, 1987) Kubrick supo mostrar como nadie el absurdo de la Guerra de Vietnam, denunciando los abusos, vejaciones y auténticos lavados de cerebro a que se ve sometida la tropa en este tipo de conflictos, para finalmente perder la vida en un completo despropósito que poco o nada tiene que ver con la idea que los desgraciados chicos tenían del asunto. Intuyó acertadamente Kubrick las posibilidades cinematográficas de la televisada Guerra en Vietnam, pero su lentitud y minuciosidad hizo que un proyecto posterior (Platoon) se estrenase antes, robando gran parte de protagonismo a su Chaqueta Metálica.


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Digan 'Fidelio' si quieren entrar.

La dilatación entre obras se siguió abriendo en este período y, entre medias quedaron proyectos nunca llevados a buen puerto, entre ellos el de un segundo acercamiento a la ciencia-ficción que, quién sabe, si no hubiera sido magnífico: Inteligencia Artificial rondaba en su cabeza, pero su perfeccionista alma no le permitió rodarla. Kubrick pensó que la técnica aún no estaba suficientemente avanzada para lo que él tenía en mente y, para cuando lo estuvo, sintió que no tenía fuerzas, que la muerte le sobrevendría sin poder finalizarla. Así, encargó a Steven Spielberg su realización, pues atisbaba en él una sensibilidad y visión próxima a la idea original. Spielberg filmaría, años después y a modo de homenaje póstumo, A. I., Artificial Intelligence (2001).

Con la lección aprendida por lo sucedido entre Platoon y La Chaqueta Metálica, de nuevo su puntillosa tardanza le llevó a desechar una historia titulada The Aryan Papers, pues, con el proyecto avanzado, mientras discurría como enfocar adecuadamente el tema del holocausto judío, se adelantó La lista de Schindler (S. Spielberg, 1993). Esta vez, su obsesivo carácter le hizo desistir en su idea, debido a los parecidos entre ambas obras.

Tras estos bocetos inconclusos, su última propuesta volvió a verse, por tres razones diferentes, envuelta en la polémica y el morbo: dos de ellas sabiamente buscadas por el director y una tercera fatal. El punzante argumento de la película que mostraba los vicios y grotescas desviaciones de la respetada clase alta, junto con las desnudas escenas de la célebre pareja protagonista, encarnada por el matrimonio Kidman-Cruise, fueron las dos primeras claves antes mencionadas. La tercera derivó en un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida: Stanley Kubrick murió de un ataque al corazón el 7 de marzo de 1999, días después de terminar de montar la obra que no llegaría a ver estrenada. Eyes Wide Shut se convirtió así en su epitafio cinematográfico.

En su testamento, legó a los amantes del cine un recorrido por diferentes géneros y estilos a través de 13 heterogéneos e imperecederos largometrajes. Un trayecto que permite, a quien se acerque a su obra, adentrarse en un espectacular viaje que evidencia lo que Kubrick supuso para el séptimo arte: un auténtico cambio evolutivo en el cine o, lo que es lo mismo, un transporte cinematográfico desde Júpiter hasta más allá de las estrellas.

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Filmografía:

• Day of the Fight (1950)

• Flying Padre (1951)

• Fear and Desire (1953)

• The Seafarers (1953)

• El Beso del Asesino (Killer's Kiss, 1955)

• Atraco Perfecto (The Killing, 1956)

• Senderos de Gloria (Paths of Glory, 1957)

• Espartaco (Spartacus, 1960)

• Lolita (1962)

• Teléfono Rojo. ¿Volamos hacia Moscú? (Dr. Strangelove or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, 1964)

• 2001, Una Odisea del Espacio (2001: A Space Odyssey, 1968)

• La Naranja Mecánica (A Clockwork Orange, 1971)

• Barry Lyndon (1975)

• El Resplandor (The Shining, 1980)

• La Chaqueta Metálica (Full Metal Jacket, 1987)

• Eyes Wide Shut (1999)


Fuentes:


Stanley Kubrick Collection Site

Internet Movie Database

Stanley Kubrick. Filmografía completa. Paul Duncan. TASCHEN

100 grandes directores de cine. José María Caparrós Lera. Alianza Editorial.


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Comentarios (2)
  • barry lyndon

    ¡ BRAVO ! Pido un fuerte aplauso para el mejor director de la historia. Gracias Stanley, por dejar el listón tan alto, por regalarnos esas obras maestras y por tu dedicación. Ojala hubieras vivido 100 años más para darnos ese "Napoleón" y otras muchas joyas.

    error humano. enhorabuena por el articulo. Ojala sirva para que el bueno de Kubrick siga ganando adeptos, y obtenga aún años después de su muerte el reconocimiento BRUTAL que mereció en vida. Cada una de sus películas merece el Oscar a mejor dirección. Por favor, Señor Reed, con todos mis respetos, devuelva a Stan el Oscar de 1968 si se encuentran ambos allá en el cielo.Todos sabemos que eso suyo.

  • Rolo Tomasi

    Nunca se me olvidará el día en que murió Kubrick. Me impactó especialmente porque yo estaba impaciente por el estreno de Eyes wide shut. Era un sensación especial, algo así como lo que debía de sentir la gente en su momento cuando se estrenaba una nueva película de Billy Wilder o Hitchcock.

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