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(D)efectos especiales en el cine
Escrito por Dr. Manhattan   
Lunes, 12 de Mayo de 2008


Valoración espectadores: 7.33

Artículo sobre los efectos especiales en el cine

Es necesario establecer una reflexión acerca del significado e importancia de los efectos especiales en el cine y su historia particular. ¿Qué son exactamente? ¿Representan lo mismo ahora que en el pasado? ¿Cuál es su sentido último? Preguntas de aparente fácil respuesta y que, sin embargo, encierran una complejidad equiparable a las mismas bases científicas y tecnológicas capaces de sustentar eso con lo que tanto solemos disfrutar hoy día cuando, escapados al cine, permanecemos en la butaca abrumados ante tan maravilloso y perfecto espectáculo.


Nada más lejos de la realidad. Existen muchos niveles de lectura, probablemente los mismos que de públicos más o menos exigentes, más o menos formados, pero ello no es óbice para poner en tela de juicio propuestas semivacías como muchas de las superproducciones actuales frente a la inocencia innata y pura –carente de medios en definitiva; o, si se quiere, carente de cualquier comparación posible con respecto a la tecnología manejada actualmente- de producciones antiguas donde primaba una imaginación desbordada (y desbordante) por encima de cualquier otra cosa; más aún, donde todavía se miraba por algo que hoy día parece haber desaparecido casi por completo –sí, al menos, en estas producciones de gran aparato visual de las que venimos hablando-: valores. Porque el cine es espectáculo, sí, pero tanto el medio en sí mismo como su calidad de arte consumado –más de un siglo de existencia y su reconocimiento como la actividad más popular de nuestro tiempo así lo constatan- exigen de algo más. Y, sin embargo, la ausencia de una necesaria conciencia y actitud crítica en las masas hace pensar que seguiremos viendo (y disfrutando, porqué no) unos sobresalientes efectos especiales creados por mentes privilegiadas del diseño por computador; tan buenos y suficientes en sí mismos que se les olvidará contar una historia.



UN POCO DE HISTORIA

Georges Méliès. No se me ocurre una manera mejor de comenzar un artículo que lleve en su cabecera el tema de los efectos especiales, porque fue él quien inició la senda, marcándola para siempre. Ha transcurrido más de un siglo desde sus primigenias creaciones y, naturalmente, el medio ha evolucionado de manera exponencial, abrumadora y no menos increíble, pero sin embargo queda la esencia; porque, ¿qué son los efectos especiales sino una compleja mezcla de indescriptible e indescifrable magia científica e invención humana que, aplicada al medio cinematográfico, es capaz de transportar al espectador a otros mundos, a otras vidas, a otras sensaciones, absorbiendo su atención sólo con el “simple” requerimiento de su mirada? Pues bien, de ilusionismo y trucaje sabía mucho este genio francés del siglo XIX, que partía, además, con una importante ventaja que progresivamente se iría perdiendo con el paso de los años: la capacidad de sorprender al espectador; el cine estaba en ciernes y el público que acudía a él -en realidad a los teatros, ya que las salas como las conocemos hoy en día obviamente aún no existían- resultaba harto inocente y profundamente desconocedor de los todos los mecanismos posibles concernientes a ese tan extraño invento que era el cinematógrafo, permaneciendo absolutamente maravillado al descubrir aquellas viejas imágenes en movimiento proyectadas por él. Lo más parecido a un ritual de hechicería.

Artículo sobre los efectos especiales en el cine

El tiempo ha pasado, y son innumerables los grandes artistas que nos han legado obras básicas y excepcionales en este campo a lo largo de la historia del cine, por lo que resulta casi imposible (además de muy atrevido) realizar una enumeración más o menos justa y coherente en tan breve espacio; empero, creo necesario establecer una breve línea referencial que, considero, debe ser obligatoriamente bien marcada y conocida -aun a riesgo de algún olvido mayor-.

Y es que, por ejemplo, sin la labor del dibujante Willis O’Brien en “El mundo perdido”, transcurrido un cuarto de siglo XX, pero, sobre todo, en “King Kong” (dirigida por M.C.Cooper y E.B.Schoedsack en 1933) sería imposible concebir el cine de los grandes efectos especiales tal y como los conocemos ahora. Hubo de pasar algún tiempo para que, en la década de los 50, los F/X retomaran su actividad esplendorosa: era la época de las grandes superproducciones históricas, necesitadas de todo tipo de efectos que dotaran de una mayor envergadura épica a la historia -“Los diez mandamientos”, “Ben-Hur” y “Quo Vadis?” podrían servir como claros ejemplos- y de la de edad de oro de las (ahora) inocentes películas clásicas de ciencia-ficción, maravillas a (re)descubrir del tipo de “La invasión de los ladrones de cuerpos”, “Planeta prohibido”, “Ultimátum a la tierra”, “Los invasores de Marte”, “El increíble hombre menguante” o “La guerra de los mundos” (Byron Haskin, 1953), ésta última con un importante George Pal tras las riendas de sus encantadores trucos. Una década más tarde surgió otra figura clave: Ray Harryhousen, discípulo del mencionado O’Brien y gran impulsor de la denominada técnica de “stop motion”, empleada precisamente por aquél para capturar al gorila gigante y que consistía -consiste, Tim Burton bien sabe de ello- en rodar plano por plano un objeto o maqueta, fotografiándolo en detalle para luego componer una animación; así, películas como “Hace un millón de años” o “Jason y los argonautas” han pasado a la historia.

Pasamos entonces al final de los 60 y principio de los 70, década en la que definitivamente se precipitó todo. Y aquí aparece Dios, o sea, Kubrick, y su magnánima “2001: Una odisea del espacio”, obra de relevancia capital en la historia no ya sólo por sus innovadores efectos especiales -en cuya realización no tuvo poca importancia el especialista Douglas Trumbull- y prodigiosas maquetas, sino por su elevado contenido filosófico y existencial, aportando una visión mucho más madura a la historia contada que todo lo visto hasta entonces y atreviéndose a establecer una parábola temporal que aborda el principio de la humanidad y desemboca en el futuro espacial más misterioso y fundamental. Puede que sea un juicio excesivo, pero quizás aquí se encuentre la cima de la montaña, tanto por continente como por contenido.

Fotograma de 2001

Al poco tiempo llegó Lucas, y entonces ya sí se armó la gorda. Con su ILM (Industrial Light & Magic) forjó una marca registrada de producción de efectos visuales que llega hasta nuestros días y que le ha proporcionado inimaginables sumas económicas, siendo su más importante e imprescindible película “La guerra de las galaxias” (1977), según dicen, la primera película en emplear ordenadores para mejorar el rodaje de diferentes estructuras. Ésta -junto a sus dos posteriores secuelas- vino a consolidar y popularizar de manera definitiva los efectos especiales dentro de las películas, pasando a ser algo habitual y muy característico en todo el cine posterior. Así, films como “Superman”, “Alien, el octavo pasajero” o “Blade Runner” alcanzan cotas maestras de realización en los albores de los 80 para, finalmente, llegar a los 90, donde las tecnologías digitales más incipientes e innovadoras supusieron el auténtico boom del mercado, posibilitando una creación mucho más perfecta. Por eso se pudieron llevar a cabo maravillas del calibre de “Terminador 2” (y es que si bien con la primera parte James Cameron ya había dejado claros sus méritos, es con esta segunda cuando se consolida) o “Parque jurásico”, del rey de reyes Spielberg, donde el nivel de realismo resultaba ya mayúsculo gracias al exprimido máximo de la tecnología de los efectos generados por ordenador. Cameron se subió definitivamente a la cresta de la ola a finales del siglo pasado con la titánica “Titanic” -nunca mejor hecha la redundancia: fue la película más cara de la historia hasta la fecha, consiguió igualar los 11 Oscar de “Ben-Hur”, etc.- y poco después, y para culminar inmejorablemente todo este proceso en el momento justo, el del cambio de siglo, surgió “Matrix”, o la revolución total; la estética del cine moderno quedaría marcada a fuego para siempre y la estela de película de culto permanecerá no sólo imborrable sino creciente con el paso de los años.

Así podría decirse que llegamos a nuestros días, pasando a través de la trilogía de “El señor de los anillos”, otra especie de explosión mercantilista elevada a la enésima potencia no sin razón, puesto que suficientes méritos y no menos seguidores de esta ración de fantasía y épica existen.

Para terminar, me veo obligado a reflexionar mediante el cuestionamiento en voz alta: ¿en qué situación estamos ahora? ¿Mejor que con Méliès? ¿Nos vemos reconocidos en ese espectador del que hablaba al principio, que se ensimismaba ante la pantalla a principios del siglo pasado? ¿Realmente disfrutamos de las películas actuales y de sus espectaculares y redondos efectos especiales o deberíamos exigir algo más de ellas? ¿El cine se puede basar sólo en el entretenimiento sustentado en una aceptable representación de la imagen? ¿Dónde queda la historia a contar? ¿Somos conscientes de que el cine, por encima de cualquier otra cosa, es arte y que como tal debería ser valorado? ¿Sabe usted, lector, el significado de la palabra “valor”? ¿Y le aporta alguno el último espectáculo que haya visto en la pantalla grande?

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Comentarios (9)
  • Mr. Sandman

    Aunque tienes razón en que hay superproducciones vacías de contenido y 'esclavas' de los efectos especiales, también creo que las había antes, lo que pasa es que con el paso del tiempo las vemos con cierto cariño. Además, si no hacían mejores efectos especiales es porque no podían, no por que no quisieran. (Aunque los esqueletos de 'Jason...' ya los quisieran para sí muchas pelis más actuales...)

  • Error Humano  - SIEMPRE AL SERVICIO DEL ARGUMENTO

    Creo que lo que marca la diferencia en el uso de los fx es, sin duda, que éstos esten al servicio de la historia, y no al revés, como sucede en ocasiones (tristes ocasiones). Hay momentos del cine inolvidables que sólo han tenido lugar gracias a un cuidado trabajo visual (Parque Jurásico es un buen ejemplo)y que antes de ciertos avances en la técnica resultaban irrisorios siquiera pensar en ello.
    Ahora bien, también es cierto que el uso del ordenador ha acabado con ese ingenio para resolver escenas que requerían de fx. Hay ejemplos de verdadera técnica artesanal que, sin duda, añaden encanto a la película (El Cristal Oscuro), pero no seamos nostálgicos, aprovechemos las oportunidades que nos brinda la actualidad, disfrutemos de los films creados anteriormente y respetemos siempre la máxima de que los fx deben servir a un propósito: realizar grandes historias, que en ocasiones, revolucionan el concepto de cine (2001).

  • Dr. Manhattan  - Habrá más

    Bueno, yo sólo comentar que éste no es el artículo al completo, sino solamente su introducción... En breve se subirá el texto íntegro, que da un repaso muy general a la historia de este género, nombrando a algunos imprescindibles.

  • admin  - Artículo completo

    Ya está añadida la parte que faltaba del artículo. Lo nuevo es el apartado "Un poco de historia".

  • agente cooper

    jajaja, habia leido el tercer comentario con el texto completo, pensando, joder, esto es solo la introducción!!!, menudo artículo entonces!.

    Me ha encantado.

  • barry lyndon  - Y sin ellos qué?

    Realmente estoy bastante de acuerdo con los comentarios de mi hermano error humano. Sin los efectos perderiamos mucho en el cine, muchos momentos imposibles sin ellos, pero claro está nunca deben ser los protagonistas absolutos, si no estar al servicio de la obra e historia

  • andres

    Cita:< /b>

    [ :side: :unsure: :huh: :silly: :evil: el material esta bueno

  • SHEILA  - PREGUNTA

    ME GUSTARIA SABER TODO SOBRE LOS EFECTOS ESPECIALES COMO CUANDO SE CREARON DONDE ,...... :D :woohoo: :angry: :0 :confused: :cheer: B) :evil: :dry: :kiss:

  • Mr. Sandman

    Bueno, en éste artículo tienes bastante material!

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