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Terminator: La vieja lucha por la supervivencia
Escrito por Mr. Sandman   
Jueves, 04 de Junio de 2009


Valoración espectadores: 8.86

Hubo una época en la que el ordenador no era sino un cachibache del tamaño de una habitación que era utilizado en las Universidades más punteras para realizar miles de cálculos por segundo. Cacharros gigantes y, para la mayoría de seres humanos, inservibles o simplemente inexistentes. Cómo imaginar que esos electrodomésticos que eran diseñados y desarrollados para hacernos la vida mejor querrían, con el paso del tiempo, deshacerse de nosotros. O al menos, eso nos intentan inculcar las numerosas obras literarias y cinéfilas del fin y comienzo de siglo. Una de las más estimulantes, la saga de Terminator.


Cuando las máquinas aún no dominaban la Tierra

Por aquellos días, comienzo de los ochenta, dichos engendros mecánicos estaban aún bajo nuestro control y todavía no habían mostrado todo su potencial, por lo que nos teníamos que apañar con su limitada capacidad y la infinita de nuestro cerebro para llevar para delante nuestros proyectos. El cine sería uno de los ámbitos en donde más se notaría su llegada, pero eso corresponde al futuro. De momento la espectacularidad y los efectos especiales recaían sobre las artesanales manos de tipos con pinta de Friki y unas cuantas herramientas rudimentarias. ¿Quiere decir eso que las películas carecían del poder de engendrar sueños y excitar a la audiencia?

Ni mucho menos, esa falta de recursos se suplantaba con el ingenio de los guionistas, que parían ideas originales aún sabiendo que muchas veces no se podrían llevar a la pantalla en todo el esplendor con el que brillaban en sus cabezas. En medio de todo aquello, de Gremlins, Cazafantasmas y Delorians, apareció James Cameron, un tipo que tenía un argumento y que quería llevarlo a cabo fuera como fuera. Comenzó haciendo películas de medio pelo como la secuela de Piraña, pero pronto su talento le llevaría a lo más alto. Años después, cuando desde la proa del Titanic proclamara que era el Rey del Mundo, todos supimos que era cierto.

 

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Cameron y sus estatuillas

 

Viejo argumento, nueva perspectiva

Ni Terminator (James Cameron, 1984) ni sus secuelas son el colmo de la originalidad. Un futuro en el que algo ha ido mal y la raza humana está en peligro o las máquinas (o monstruos o lo que sea) sublevándose contra su creador no son temas nunca tratados antes de ella. Ahí está HAL-9000, sin ir más lejos. Todo este remanente de material está en la cultura popular y fue absorbida por JC desde el principio (¡¡Dios mío, JC!!). De hecho, en los títulos de crédito aparece el escritor de Ciencia-Ficción Harlan Ellison como co-guionista, dado el parecido de algún relato suyo con la trama, similitud reconocida por el propio Cameron. Pero la brutalidad, la espectacularidad y la sensación de peligrosidad que destilan sus robots asesinos sí lo son. Pero lo más, o prácticamente único, novedoso de verdad es el enfoque. La acción no sucede en esos años venideros, en una Tierra futura apocalíptica que nadie de los que la vemos en el cine conoceremos. No. Ocurre hoy, en el bar de la esquina al que vamos todos los días. Podemos conducir nuestro coche tranquilamente y que de repente una masa de metal líquido nos atraviese las entrañas sin darnos cuenta. Ese peligro, esa lucha por la raza humana, está ocurriendo ahora mismo. Y eso nos acerca peligrosamente a la acción que transcurre en la pantalla y nos advierte...lo que hagáis hoy tiene repercusiones en el futuro.

 

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El póster de la original, nacía un mito

 

Pero no nos engañemos, todo eso y el resto de elementos que acercan el filme a la Ciencia-Ficción; el hecho de contar la historia del futuro como si lo que ocurre en el presente fuera un largo flashback, las paradojas temporales que plantea sin resolver y que dan un toque claramente mesiánico al protagonista, John Connor, JC otra vez, no son sino el contexto para conseguir lo que quería, hacérnoslo pasar teta metiéndonos miedo y adrenalina a tope, acongojar al personal, por no decir otra cosa. Las preguntas sin responder son innumerables y hacen que el conjunto pierda credibilidad a las primeras de cambio, pero eso no le importa al tito Jimmy. Las respuestas las deja en el aire y no son importantes. Porque no nos engañemos, lo importante es la acción. Y vaya si el señor sabe de acción.

 

Terminator: Huir para salvar a la humanidad

Cameron sabía que toda esa sensación de peligro y persecución sin fin por parte de las máquinas se verían seriamente afectadas si no resultaban creíbles. En la primera entrega, The Terminator (1984), el presupuesto era irrisorio y por tanto jugó con ideas como la música y la oscuridad, tal y como Spielberg utilizó esos bidones y la música de Williams para no enseñarnos demasiado su Tiburón. El carácter artesanal de los trucos quedaban patentes pero resultaban perdonables ya que el Terminator brillaba amenazante pese a su cutrería. Era de verdad, se podía tocar y sentir. Eso es mucho más de lo que pueden decir algunas criaturas generadas por ordenador más de 20 años después.

 

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El día del jucio comienza

 

La historia de Sarah Connor huyendo despavorida de un Terminator que quiere matarla para que no dé a luz a un hijo que resultará crucial en una batalla futura contra las máquinas no fue un bombazo pero funcionó bien y se labró un status de culto que la fue encumbrando con el paso de los años. Aún así, los 5 millones de dólares invertidos se multiplicaron por más de 10 para dar beneficios y convertirla en una película de referencia. Con un rol que parecía hecho para él, dado la poca expresividad natural del actor (y eso que en un principio iba a interpretar a Kyle Reese, el héroe humano) Schwartzenegger continuó su escalada dentro del star-system de musculazos-reparte-mamporros de Hollywood, mientras que para Linda Hamilton y Michael Biehn sería el papel de sus vidas. Éste último volvería a ponerse en el pellejo del compañero de una mujer fuerte en la también cameroniana Aliens, en la que el director daba de nuevo una lección del manejo de los recursos del terror y la acción

 

Terminator 2: Nacen los efectos digitales

Pasarían siete años hasta que Cameron decidiera volver a la historia y retomarla justo donde la había dejado. Después de seguir limando su agudeza visual y del uso de los trucos cinematográficos, llegó el momento. Ya era 1991, y con unos efectos digitales que había probado en Abbys y que suponían el principio del fin del stop-motion utilizado en la primera, dejaría con la boca abierta al mundo con el T-1000, uno de los mejores y más aterradores villanos de la historia del cine. Construido de metal líquido, el nuevo Terminator de Terminator 2: El Juicio Final (1991), era una máquina de matar increíblemente efectiva y temible.

 

De nuevo teníamos a nuestra Virgen María particular intentando salvar a un JC esta vez adolescente con la ayuda del Terminator que en la original intentaba matarla pero esta vez volvía reprogramado para protegerla del temible T-1000. Una huida hacia delante frenética y angustiosa.

 

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El T-1000

 

Pese a que se daba cierta información, la verdad es que la historia avanzaba bien poco y que el patrón era exacto al de la original, pero de eso precisamente se trataba, era ni más ni menos que una versión mejorada y corregida de aquella. Con el sonido a tope y los cargadores bien llenos, todo funcionaba. Un paso adelante en los FX y, en cuanto a acción se refiere, una lección. Resultado, 4 Oscars, taquillazo mundial y peliculón que pasaba a la historia del cine. Y como toda película mítica, con su frase famosa, "Sayonara, Baby" ("Hasta la vista, baby", en el original).

 

Teminator 3: Explotando la gallina de los huevos de oro

Realmente es una paradoja. El hecho de que las dos primeras entregas sólo dejaran entrever lo que ocurría en el tan cacareado futuro no hacía necesario un tercera, ni mucho menos otra trilogía. Pero el dinero manda y en un momento de falta de ideas los jefazos de la productora mandaron hacer una nueva secuela, y en 2003 Jonathan Mostow la dirigió con el nombre de Terminator 3: La rebelión de las máquinas.

 

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T-800 versus TX

 

Demasiado deudora de las originales, se intentó coger la misma plantilla para hacerla funcionar una vez más. El argumento iba hacia delante a paso de tortuga, dando alguna información pero básicamente contando nada, de modo que todo consistía en ver a Schwarzenegger pegarse con otro Terminator, esta vez uno femenino. Ésta, protagonizada por Kristanna Lokken, a pesar de ser más avanzada y tener más poder de destrucción, no era amenazante y no suponía una peligro que el espectador pudiera temer. Por otro lado, conocíamos a la futura señora de Connor y el hecho de que sería el modelo T-800 el que mataría en un futuro próximo al mismo JC. Giros de guión para futuras películas que no había que explicar en ésta pero que comprometían los siguientes libretos de la saga.

 

Una dirección con poca gracia, un Arnold demasiado viejo, una mala sin fuste y unos efectos especiales del montón, todo lo contrario que los de su predecesora, hicieron que la cinta pasara sin pena ni gloria por los cines, El Juicio Final no había podido ser evitado y había llegado, ¿y qué?

 

La nueva trilogía de Terminator: El futuro comienza


Y así llegamos al presente. La nueva moda es relanzar personajes, trilogías o lo que sea que haya tenido éxito en algún momento del pasado. Una serie de TV, Las crónicas de Sarah Connor, ya lo ha intentado, aunque sin mucho éxito, con Terminator. Para el segundo advenimineto en la gran pantalla se ha contratado, sobre todo, a Christian Bale, Batman, nada menos. ¿Será suficiente? No sabemos si McG tras la cámara será una elección correcta...A los fans no ha gustado nada, de momento.

 

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Bale, a salvar la humanidad...y la franquicia

 

Como ya hemos explicado, la franquicia iniciada por James Cameron tiene mucho que contar todavía, el problema es que tal vez ya no lo queramos oír. Se ha terminado el insinuar, el sugerir, y llega el momento de mostrar ese futuro del que tanto nos ha hablado Sarah Connor. Una era apocalíptica en la que la humanidad se juega su supervivencia contra las máquinas. Siempre queda la curiosidad por saber si los responsables serán capaces de ensamblar todas las piezas sueltas desperdigadas por la primera trilogía en una segunda, y de darle coherencia y empaque al conjunto. La respuesta ya se comienza a dar en los cines con Terminator: Salvation. El futuro ha llegado para John Connor, y por ende, para todos nosotros.

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