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Stanley Kubrick (parte uno)
Escrito por Error Humano   
Jueves, 19 de Junio de 2008


Valoración espectadores: 9.61

EL AJEDRECISTA DE LA IMAGEN

PARTE UNO: DEL BRONX A MOSCÚ

Stanley Kubrick (parte uno)

“Una de las cosas que más me animó a hacer una película fue la cantidad de cine de mala calidad que había visto. Me sentaba en la oscuridad y pensaba: “No tengo ni idea de cine pero sé que puedo superar esto”

Stanley Kubrick
(1928-1999).


La pasión por la fotografía fue el germen que convenció a un adolescente del neoyorquino barrio del Bronx acerca del poder de la imagen, haciéndole, con apenas 16 años, recorrer las calles para captar expresiones espontáneas en los transeúntes. Simplemente, desarrollaba un talento innato estimulado gracias a Jacques L. Kubrick, padre del joven Stanley, que, ante las constantes ausencias del chico a la escuela, decidió motivarlo regalándole una cámara fotográfica profesional. No sería ésta la única afición que heredaría de su padre: la literatura y el ajedrez acompañarían indefinidamente a Stanley Kubrick no sólo en su vida, sino también como elemento fundamental en su cine.

El joven fotógrafo comenzó su carrera en la revista Look, donde algunos de los miembros más veteranos de la plantilla hacían ocasionalmente encargos para Hollywood. Kubrick bombardeaba a preguntas sobre la técnica cinematográfica a sus compañeros. Le apasionaba visionar formalmente películas, buenas y malas, más interesado en planos, iluminación y enfoque que en los diálogos.

¿Quién no ha sentido en alguna ocasión las palabras de la cita con la que abríamos el artículo? Kubrick, con las ideas muy claras, se decidió a poner en juego los ahorros conseguidos con sus reportajes fotográficos. Rodó su primer corto documental con un presupuesto ínfimo y lo intentó vender por su cuenta. Day of the Fight (El día del combate, 1950) es destacable para ser un mero acercamiento al lenguaje cinematográfico y ya en él parecen atisbarse algunos de los rasgos característicos del genio neoyorquino, tanto narrativos como formales, como el recurso del travelling inverso que dota de ímpetu la escena. Este movimiento de cámara sería recurrente en muchos de sus largometrajes posteriores.

Consiguió vender el proyecto a la RKO con un escasísimo margen de beneficio de 100 dólares que se completaría con un adelanto para su próximo cortometraje: Flying Padre (El padre volador). Kubrick se convenció a sí mismo de que podía ser director de cine, así que decidió abandonar su trabajo en Look y dedicarse íntegramente al cine. La leyenda había echado a andar.

Mientras sobrevivía con el dinero que ganaba jugando al ajedrez en Washington Square (unos 3 dólares al día), dictaminó que su aprendizaje había terminado y se lanzó a rodar su primer largo, que financió con ayuda de amigos y parientes y en el que consiguió una buena película de cine independiente (antes de que éste existiese). Fear and Desire (1953) era una alegoría sobre cuatro soldados que sobreviven a un grave accidente de avión pero, paradójicamente, quedan atrapados entre las líneas enemigas. La crítica elogió el talento de Kubrick tras la cámara, destacando que su formación como fotógrafo contribuía al aceptable resultado final de la cinta. Sin embargo, Kubrick nunca contabilizaría el film dentro de su filmografía por considerarlo prácticamente amateur.

A pesar del talento mostrado, sucedió que el joven no encontraba quien financiase ese ingenio, así que continuó trabajando en un encargo documental para el sindicato internacional de marineros (The Seafarers, 1953) y en pequeños proyectos autofinanciados (El Beso del Asesino, 1955) que cada vez se mostraban más interesantes, perfilando así un estilo cinematográfico propio, basado en su experiencia como fotógrafo e influenciado significativamente por sus otras dos pasiones: literatura y ajedrez.

"Entre otras muchas cosas, el ajedrez te enseña a controlar la euforia inicial que se siente al ver que algo pinta bien. Aprendes a pensar antes de lanzarte, y ese aprendizaje te sirve para actuar objetivamente cuando tienes problemas. Cuando se hace una película, dedicar unos segundos a reflexionar evita a menudo errores graves sobre cuestiones, que al principio, parecían correctas"

Stanley Kubrick


El sorprendente estilo visual de El beso del Asesino, la sencilla historia de una pareja compuesta por un boxeador y una bailarina, ambos fracasados, supuso el salto definitivo para el director, pues conseguiría venderla a United Artist por 75.000 dólares.

Fue entonces cuando apareció la persona que cambiaría la carrera del director y le introduciría en la industria de Hollywood: James B. Harris vio en Kubrick a "la persona más inteligente y creativa que jamás había conocido", así que decidieron trabajar juntos en perfecta simbiosis: fundaron la Harris-Kubrick Picture Corporation y buscaron alguna idea que rodar. Compraron los derechos de la que resultaría la primera maravilla de la recién creada sociedad: Atraco Perfecto (1956), filmada desde diversos puntos de vista y contando, por primera vez, con actores de cierto empaque para dar vida a una pandilla de ladrones víctimas de sus propias existencias.

Esta genialidad, que aún resulta tan disfrutable como el día de su estreno, convenció plenamente a la MGM, que  preguntó a Harris y Kubrick en qué nuevo proyecto andaban pensando. La respuesta no pudo ser más contundente: Senderos de Gloria (1957). Basada en la novela Paths of Glory (Humphrey Cobb, 1935), que Kubrick había leído unos años atrás. Esta película es la primera de la larga serie de obras maestras que el realizador consiguió encadenar. Sin duda, se trata de una de las más bellas cintas antimilitaristas jamás rodadas.


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Kirk Douglas recorre el travelling inverso de Kubrick.

La estremecedora historia cautivó a una verdadera estrella, Kirk Douglas, que se empeñó en protagonizarla, llegando a comunicar a United Artists que sólo rodaría Los Vikingos (1958) si también le dejaban participar en la imperecedera obra de Kubrick. Este hecho dio pie al que resultaría el siguiente paso en la filmografía del genio neoyorquino.

Poco después de colaborar en Senderos de Gloria, Douglas compró los derechos de Espartaco, fascinado por el Ben-Hur de Charlton Heston, y decidió montar un impresionante proyecto para la realización del film, contratando al excepcional guionista Dalton Trumbo, perseguido en la caza de brujas por sus pensamientos políticos, y a Anthony Mann como director. Douglas perdió el control del proyecto por la fuerte personalidad de Mann y decidió despedirlo, pensando que podría dominar la situación si firmaba al joven talentoso Stanley Kubrick. Se equivocó de pleno, pues Kubrick intentaría, como es norma de la casa, llevar el asunto a su manera. Las discusiones fueron eternas, pero los aficionados al cine sólo podemos felicitarnos de aquella unión: Espartaco es, sin duda, el mejor péplum jamás realizado y el único sin tintes religiosos en aquella época, con un claro carácter social reflejado en la liberación de los esclavos y de imponente ritmo y puesta en escena. Kubrick llegó incluso a renegar de la autoría de la obra, pues todo no fue según su minuciosa mente de ajedrecista había planeado, pero la película supera estas consideraciones y es uno de los mayores clásicos del cine.

A pesar del éxito, Kubrick sacó una conclusión muy clara de su trabajo en Espartaco: nadie volvería a interferir en su obra. Decidió independizarse de la industria y nunca volvió a dar más importancia a los actores que la necesaria para la película. La estrella era él y, a partir de ese momento, todos los intérpretes con los que contó quedaron marcados para siempre por el personaje que encarnaron bajo las órdenes del realizador.


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Sue Lyon convirtiéndose en un icono.

Siguiendo con su intento de probar suerte en todos los géneros y la intención de provocar intacta, Kubrick compró los derechos de Lolita, la polémica novela de Nabokov que narraba la historia de un hombre enamorado de una niña. Esto trajo no pocos problemas a la hora de salvar la censura, pero el resultado es exquisito: Lolita (1962) es una obra diferente dentro de la filmografía del director, con toques de humor realmente geniales. Como añadido, supuso el encuentro y la amistad con el gran actor Peter Sellers, con quien contó para su siguiente proyecto, convencido de que gran parte del éxito de Lolita se fundamentó en la interpretación de Sellers.

La paranoia nuclear fue el siguiente tema escogido por Kubrick para escandalizar al gran público con su Teléfono Rojo, ¿Volamos hacía Moscú? (Dr. Strangelove, or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb!, 1964). Viendo que ponerse serio con el asunto resultaría demasiado aleccionador, decidió ironizar sobre ello, usando por momentos un estilo visual semidocumental para aportar credibilidad, mientras, complementariamente, la presencia de Sellers otorgaba viveza y sarcasmo. Resulta impresionante el tratamiento estético del film que consigue, y ahí vemos de lleno otra de las virtudes de la obra de Kubrick, dar absoluta verosimilitud a la historia. Ésta, unida al absurdo de la situación narrada, hace que sintamos el tremendo ridículo de ver a los mandamases de la nación tomando decisiones acerca de un auténtico disparate.

Contó con un excelente Peter Sellers interpretando varios papeles, quien consiguió lo que pocos actores lograron: repetir con el realizador neoyorquino e improvisar algunas escenas bajo el mando del concienzudo director, Kubrick se tronchaba con Sellers y le permitió lo impensable con excelente resultado. Respecto a la dirección de actores, también resulta destacable como Stanley encauzó el difícil carácter de George C. Scott hacia una interpretación genial. Una vez más su faceta de ajedrecista le ayudó en el asunto: sabedor que Scott era también aficionado al ajedrez, Kubrick movía ficha en una interminable partida en los momentos en que el actor descansaba, alejándolo así del alcohol, verdadera maldición en la carrera del actor.


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Sellers triunfa y se ríe.

Con estos dos últimos films comenzó lo que ya sería una constante en la filmografía moderna del creador: la creación de iconos. ¿Quién no recuerda las gafas de sol en forma de corazón de Sue Lyon o el jinete sobre la bomba de Telefono Rojo? Eso sin olvidar el gran decorado de la Sala de Guerra de esta última, homenajeada en mil ocasiones (The Simpsons, cómo no).

El próximo paso sería definitivo: tras 2001. Una odisea del espacio (1968), el cine no volvería a ser el mismo. Simplemente, evolucionaría.                               
(... continuará)


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Filmografía:

• Day of the Fight (1950)

• Flying Padre (1951)

• Fear and Desire (1953)

• The Seafarers (1953)

• El Beso del Asesino (Killer's Kiss, 1955)

• Atraco Perfecto (The Killing, 1956)

• Senderos de Gloria (Paths of Glory, 1957)

• Espartaco (Spartacus, 1960)

• Lolita (1962)

• Teléfono Rojo. ¿Volamos hacia Moscú? (Dr. Strangelove or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, 1964)

• 2001, Una Odisea del Espacio (2001: A Space Odyssey, 1968)

• La Naranja Mecánica (A Clockwork Orange, 1971)

• Barry Lyndon (1975)

• El Resplandor (The Shining, 1980)

• La Chaqueta Metálica (Full Metal Jacket, 1987)

• Eyes Wide Shut (1999)


Fuentes:


Stanley Kubrick Collection Site

Internet Movie Database

Stanley Kubrick. Filmografía completa. Paul Duncan. TASCHEN

100 grandes directores de cine. José María Caparrós Lera. Alianza Editorial.

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Comentarios (2)
  • barry lyndon

    el comentario de la foto jaja, cuantas veces hemos dicho algo parecido..como me fastidia ver una peli millonaria, y pensar..yo lo habría hecho mejor

  • Mr. Sandman

    Aquí mi fusil, aquí mi pistola!

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