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“Cuando vas a ver una película tienes suerte si te ofrecen una idea nueva, algo que no hayas pensado nunca. En las películas de Miyazaki, en todas sus películas, hay seis, siete, ocho, diez ideas totalmente originales (…) Las películas de Miyazaki siempre te hacen pensar. Por eso son tan especiales, por eso son mejores a medida que pasa el tiempo. Porque vuelves a verlas, y cada vez las entiendes mejor. Eso es lo que más me gusta de ellas, que son eternas”
John Lasseter
Comienzo este artículo con las palabras del tercer componente de lo que podríamos considerar la Trinidad de la animación. El último en llegar. El que proporcionó el hálito necesario a un decadente género, un aliento tan poderoso que lo transportó al siglo XXI con seis años de antelación. Allí entró la animación con Toy Story en 1995. Lo hizo antes que ningún otro género, gracias al concienzudo trabajo de la compañía Pixar, la primera productora de animación computerizada, y todavía con mucha diferencia la mejor de la clase. En la entrevista a la que pertenece esta cita (aquí), uno se da cuenta de la magnitud de la figura de Hayao Miyazaki, de su fundamental ascendencia en la animación japonesa actual, y su cada vez mayor vigencia en occidente. Porque Miyazaki también pertenece a otra terna de imprescindibles: la que concierne a la animación japonesa. Junto al pionero Tezuka Osamu y Katsuhiro Otomo, autor de Akira y primer gran exportador a occidente, Hayao Miyazaki ha contribuido en gran medida a la familiarización del resto del mundo con los términos ‘manga’ o ‘anime’.

Probablemente sea el director japonés más importante desde los tres grandes maestros: Kurosawa, Mizoguchi y Ozu. En el país nipón sus estrenos se convierten en auténticos fenómenos masivos. En lo que va de siglo, sólo tres películas han superado los 160 millones de dólares de recaudación. Las tres corresponden a obras de Miyazaki. El Viaje de Chihiro es además la película más taquillera de la historia del país del sol naciente. Aniquilado el dicho 'Nadie es profeta en su tierra', Miyazaki ya cuenta con algunas victorias en Europa (Oso de Oro en Berlín y Premio Honorífico en Venecia) y Estados Unidos (un Oscar y acuerdo de distribución con Disney-Pixar para toda su filmografía), triunfos que le han proporcionado un prestigio extraordinario y le han permitido incrementar sensiblemente el número de espectadores fuera de Japón. En esta pequeña reseña bibliográfica sobre sus primeros años en la animación, comprobaremos como su periplo vital resulta fundamental en la concepción de sus obras como elementos didácticos, y en la formación de su definido y perfeccionista estilo. Un recorrido que empezó desde abajo, como animador, y que culminó con la creación de Gihbli junto a su compañero Isao Takahata, un ente equiparable en muchos aspectos a Disney, Pixar o cualquiera de las cada vez más rentables secciones de animación de las diferentes productoras hollywoodienses. Como en una de esas expresiones difusas del bien y el mal que abunda en sus películas, en enero de 1941, el mismo año en que la aviación japonesa bombardeó la bahía de Pearl Harbour, nació Hayao Miyazaki. Durante la Segunda Guerra Mundial, su padre y su tío dirigían una compañía aueronáutica encargada de la producción de timones para los aviones de combate japoneses Zero. Ese lugar también desencadenaría el apasionado amor de Miyazaki por los artefactos voladores, objeto de sus primeros trazos como dibujante y elemento esencial en toda su filmografía.

En plena infancia de Miyazaki, entre 1947 y 1955, su madre, una mujer inteligente y culta, devoradora de libros y estricta educadora, lidió con una tuberculosis vertebral que la mantuvo postrada en cama durante una buena parte de esos nueve años. Su tendencia a otorgar el papel principal de sus películas a mujeres, siempre llenas de determinación e independencia, está claramente vinculada a la profunda admiración que sintió por su madre durante esta época. En ella contempló Miyazaki a su primera heroína, y así lo rememora en el homenaje que le dedica en Mi Vecino Totoro. Durante la última etapa de sus estudios secundarios, en 1958, el joven Miyazaki asiste a un pase de Hakuja Den (Kazuhiko Okabe), obra considerada el primer largometraje anime de la historia. Este primer contacto con la animación despierta su interés por el género. De hecho, será Toei, el estudio encargado de su producción, el lugar donde comenzará su carrera como dibujante algunos años más tarde. Antes, acaba sus estudios universitarios y se gradúa en Ciencias Políticas y Economía. Aunque el conocimiento adquirido en la universidad se refleja en sus películas, que no eluden en ocasiones la discusión político-económica, jamás ejerció trabajo alguno relacionado con estos temas. El mismo año de su graduación, en 1963, es contratado como animador en Toei, empresa responsable en el futuro de clásicos como Bola de Dragón o Los Caballeros del Zodiaco. Los siete años en los que estuvo en la compañía, hasta su marcha en 1971, constituyen un periodo fundamental en la carrera de Miyazaki. Allí pasó del completo anonimato a figura emergente a nivel nacional, y conoció a su esposa Akemi Ota, con la que tuvo sus dos hijos. Miyazaki medró a la sombra de su gran amigo Isao Takahata, su mentor en Toei. Tras varias aportaciones a productos de la compañía, en el primer trabajo como director de Takahata, Las Aventuras de Hols, el Príncipe del Sol: La Princesa Encantada, Miyazaki se benefició adquiriendo gran responsabilidad en el proyecto como principal animador de la cinta y director de diseño.

Poco después, la pareja, junto a Yoichi Kotabe, deja Toei y, tras un fugaz paso por A-Pro, recalan en la productora Zuiyo, quedando al frente de su sección de animación. Un encargo de Fuji TV para adaptar guiones e historias occidentales denominado World Masterpiece Theater será el desencadenante del primer gran desembarco nipón en toda Europa. En este hecho, la mencionada terna tiene un papel fundamental. Takahata en la dirección, Miyazaki en el diseño de escenarios y Kotabe en el diseño de peronajes serán los responsables de algunos de estos títulos pioneros de anime japonés que consiguieron repercusión en nuestro continente, incluida España. Su aportación se remitió a Heidi (1974), Marco (1976) y Ana de las Tejas Verdes (1979). En todos ellos, Miyazaki realizó viajes a Europa (Suiza, Alemania e Italia principalmente) en busca de la inspiración para sus escenarios. Su creciente interés por la cultura europea, ya no sólo por su literatura de la que siempre fue admirador, llevó a Miyazaki a hacer un paréntesis en su, hasta entonces, continua colaboración con Takahata. Dejó la compañía en medio de la producción de Ana de las Tejas Verdes para dirigir su primer gran título: El Castillo de Cagliostro, segundo largometraje con Lupin III como protagonista. Este ladrón de guante blanco, mujeriego y de buen corazón, se inspira en Arsene Lupin, el antihéroe de las novelas de Maurice Leblanc de principios de siglo XX que supuso en el mundo francófono algo parecido a lo que significaba Sherlock Holmes, de su contemporáneo Arthur Conan-Doyle, para el anglófono (curiosamente Miyazaki también interactuó posteriormente con el famoso detective de Doyle). El personaje de Lupin no era extraño a Miyazaki, que ya había participado como director junto a Takahata en la serie de televisión sobre él que durante los años 70 gozó de cierto reconocimiento. La cinta obtuvo un gran éxito y aún es considerada la mejor de todas las realizadas sobre Lupin, así como uno de los mejores animes hasta el boom post-Akira. La serie se relanzó gracias a ello y se produjo una segunda tirada de episodios televisivos. Miyazaki dirigió en 1980 su último capítulo.

A principios de los años 80, Miyazaki ya es un auténtico conglomerado de influencias, y siente la necesidad de canalizarlas en un producto propio y personal. En ello se empeña a partir de 1983 con un manga que se prolongará durante 12 años y que podemos considerar el comienzo del Miyazaki más reconocible: Nausicaa del Valle del Viento. A pesar de no haber sido concebida para la gran pantalla, tras el éxito de sus dos primeros volúmenes, Miyazaki decide embarcarse en su adaptación cinematográfica. Su estreno data de 1984 y supone un triunfo instantáneo. Sus tres valedores principales: Isao Takahata, Hayao Miyazaki y Toshio Suzuki optan entonces la creación de un estudio propio para la realización de sus historias. No son conscientes de ello, pero acaban de crear la segunda gran factoria de sueños animados. Medio siglo después del nacimiento de Disney, Ghibli comenzó su andadura.
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Muy buen artículo: contrastado, didáctico y bien escrito, hace justicia al genio de la animación contemporánea Hayao Miyazaki. Felicidades.