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Control
Escrito por Error Humano   
Miércoles, 08 de Abril de 2009


Valoración espectadores: 8.13

Valoración de VaDeCine.es: 7,5

ImageTítulo original: Control
Nacionalidad: Reino Unido, EEUU, Australia
Año: 2007 Duración: 122 min.
Dirección: Anton Corbijn
Guión: Matt Greenhall (libro: Deborah Curtis)
Fotografía: Martin Ruhe
Música: Joy Division, New Order
Intérpretes: Sam Riley (Ian Curtis), Samantha Morton (Deborah Curtis), Craig Parkinson (Tony Wilson), Alexandra Maria Lara (Annik Honoré), Joe Anderson (Peter Hook), James Anthony Pearson (Bernard Summer), Toby Kebbell (Rob Gretton), Harry Treadaway (Stephen Morris)
Página web y Trailer


Año 1972. Strijen, Holanda. Un joven de apenas 17 años asiste a su primer concierto de rock armado para la ocasión con su cámara de fotos. Toma sus primeras instantáneas e inexplicablemente surge la magia. De forma innata es capaz de captar la esencia de la música en directo. El chico consigue vender sus fotos del evento a un periódico, comenzando así lo que casi 40 años después será la solvente carrera del más conocido y respetado fotógrafo del mundo de la música. Suyo es el legado en blanco y negro del rockstar pensativo, realista, cercano. Aquel muchacho se llamaba Anton Corbijn y por su objetivo han desfilado figuras como Bob Dylan, Michael Stipe o Clint Eastwood. Sin embargo, sigue siendo la icónica imagen de Ian Curtis la que continúa apegada a su cámara y su memoria. Aquel rostro que llevó al joven Corbijn a mudarse a Inglaterra para conocer y retratar para la posteridad a su banda predilecta: Joy Division.


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Riley se abocica a Samatha Morton.

Tras una prolífica trayectoria en la dirección de videos musicales, que incluye los inolvidables Personal Jesus (Depeche Mode), One (U2) o Heart Shaped-Box (Nirvana), Anton Corbijn se atreve a dar el salto al largometraje con un único objetivo: rememorar los intensos y dramáticos momentos que le marcaron en su primera época como fotógrafo. En definitiva, resucitar a Ian Curtis, protagonista de algunos recuerdos que permanecen indelebles en la cabeza del realizador neerlandés. Reminiscencias en blanco y negro del Manchester industrial de los últimos 70 y primeros 80.

Fue Ian Curtis la encarnación del poeta maldito: atormentado, genial visionario y joven cadáver. Mito y referente, fue el líder de la banda más lóbrega del post-punk británico. En su Joy Division, que tomó su nombre de los grupos de mujeres judías que los nazis utilizaban para entretenimiento y vejación sexual, las ensordecedoras líneas de bajo entremezclaban con sincopadas percusiones en bellas melodías que se ahogaban en la tenebrosa voz de barítono de Curtis. Los sintetizadores entraron en escena y el novedoso y sombrío sonido aún resuena en la influencia sobre sus bandas coetáneas como The Cure, o actuales como Interpol.

Sin embargo, era la melancolía, el desgarrador grito de auxilio desoído, lo que subyacía en sus espectáculos, y por ende en la película de Corbijn. Unos shows que pronto llamaron la atención de la escena musical británica. Los espasmódicos bailes de Curtis todavía son imitados por multitud de artistas, confesos admiradores. Sin embargo, todo en su vida pesó como una horrible premonición. Desde sus convulsivos movimientos en el escenario, que presagiaron su tardía epilepsia, hasta la temática y funerario grafismo de sus LP’s, todo parecía encaminado hacia el fatal desenlace. Aquél que se desencadenó tras una discusión con su mujer, cuando Ian Curtis pasó la noche solo en el domicilio conyugal, revisitó Stroszek, film de su admirado Werner Herzog, y pinchó en su tocadiscos el The Idiot de Iggy Pop. Finalmente, completado el ritual, se ahorcó con la cuerda de tender la ropa. Era un 18 de mayo de 1980. Ian contaba sólo 23 años. Suficiente tiempo para crear un irredento mito. Definitivamente cumplía su exhibición de atrocidad.

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Onofre, azafato de Smonka, es claro heredero del baile estilo Curtis.

El film de Corbijn, basado en Touching From A Distance, la biografía sobre el músico escrita por su viuda, simplemente narra los hechos. Sobrio y elegante, Corbijn repite el proceso de su labor fotográfica: desnuda al hombre, retrata en crudo al artista. Realmente admira y añora al ídolo. El respeto inunda una obra que se empapa de la veracidad que supone contar con un inspiradísimo y mimético Sam Riley (vocalista de 10.000 Things) en el papel principal, quien incluso interpretó el mítico repertorio de Joy Division para las secuencias y banda sonora del film.

Sirve Control, biopic efectivo y sin alardes, para conocer a Ian Curtis más allá de su legado musical. Aprovechado para reivindicar una figura imprescindible de la cultura popular británica en el siglo XX, en el fondo el valor principal del largometraje es acercarnos a quien, tras el mito, sólo era un muchacho que no consiguió tomar decisiones ni asumir responsabilidades. Artista genial, sí, pero malogrado por los problemas cotidianos: un matrimonio juvenil que le ahogaba, una hija de la que huía por su incapacidad paternal y una amante a la que no podía ni sabía corresponder. Su irresolución empeoró con su epilepsia y la angustia que le supuso sentirse tan cercanamente mortal. Incapaz de abandonar su cómodo empleo como funcionario, el crecimiento vertiginoso de su banda le fatigaba aún más. Una nueva indecisión que se sumaba a las anteriores. Cuando Deborah, consciente de las infidelidades de Curtis, le pidió el divorcio se destiló la gota que colmó el vaso. Aquello fue demasiado para quien es incapaz de ver la luz. Ian Curtis ya nos había avisado: “Love, love will tear us apart… again”.

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He´s lost control.


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