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Eyes Wide Shut
Escrito por Rolo Tomasi   
Viernes, 06 de Marzo de 2009


Valoración espectadores: 8.38

Valoración de VaDeCine.es: 9

Cartel de Eyes wide shutTítulo original: Eyes wide shut
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 1999 Duración: 159 min.
Dirección: Stanley Kubrick
Guión: Stanley Kubrick y Frederic Raphael, según la novela Relato soñado de Arthur Schnitzler
Fotografía: Larry Smith
Música: Jocelyn Pook
Intérpretes: Tom Cruise (Dr. Bill Harford), Nicole Kidman (Alice Harford), Sydney Pollack (Victor Ziegler), Todd Field (Nick Nightingale).

Trailer

Stanley Kubrick fue un director especialmente valiente a la hora de tratar temas polémicos, por no decir tabú, como el deseo entre un adulto y una niña (Lolita, 1962) o la violencia extrema (La naranja mecánica, 1971), de forma madura y sin caer en tópicos abriendo, en definitiva, los ojos a una nueva forma de mirar aspectos de la sociedad que habían sido evitados a toda costa en el cine comercial.

En su obra póstuma volvió a la carga, esta vez a propósito de las relaciones de pareja. Más en concreto, acerca del cóctel explosivo que forman el amor, el deseo y los celos. La película comienza con una escena impactante, Nicole Kidman se desnuda de espaldas ante nuestros ojos dejando ver con claridad su figura perfecta. Captar la atención del público incluyendo un plano inicial así, es fácil. Conseguir que ese plano sea mucho más que una estrategia de marketing (que también), es cuestión de talento. Y talento es algo que Kubrick tiene a espuertas. Sólo alguien tan sensual, tan física, pero al mismo tiempo tan etérea como Nicole Kidman, podría conseguir que Bill Harford (Tom Cruise), doctor con plena confianza en sí mismo y en su mujer, creyera en la posibilidad de que se derrumben sin remedio los pilares de su vida en tan sólo un segundo.

Plano inicial de la película

En una de las escenas más memorables que se haya visto en el cine de los 90, Nicole Kidman nos hace conscientes de la volatilidad de eso que llamamos fidelidad, de que cualquiera en un momento dado puede dejarse llevar por sus deseos más irracionales sin tener en cuenta sus consecuencias, de que podemos renunciar a toda nuestra vida por un sólo minuto de placer. Pero, ante todo, lo que hace realmente inquietante Eyes wide shut es la viva imagen de felicidad que transmite el matrimonio protagonista. Llevan una vida desahogada, la complicidad entre ellos es máxima, ambos se quieren y tienen claro que su pareja es la persona con la que quieren estar, tienen una hija perfectamente educada que trasnocha para ver una función de ópera y, por si fuera poco, ni siquiera resultan repelentes sino más bien todo lo contrario. En fin, parecen vivir en un mundo idílico en lugar de en el mundo real. Pero una conversación, una sola frase bastará para que ese cielo en la tierra se convierta en un descenso a los infiernos para el doctor Bill Harford.

¿Nunca os ha pasado que, después de sufrir una experiencia impactante, al día siguiente la recordéis más como un sueño que como un hecho real? Eyes wide shut capta
esa sensación como ninguna película haya hecho antes ni después. A medida que Tom Cruise intenta olvidarse (o vengarse) de la confesión de su mujer, se va hundiendo cada vez más en el fango, como el que intenta escapar de arenas movedizas. Ese recorrido acaba en la degradación más absoluta, representada en una escena monumental, la de la orgía, que posee más cine en sí misma que la gran mayoría de películas completas. A partir de ahí, es inevitable que la película pierda fuerza y aparezcan sus principales, y casi únicos, defectos, al intentar aportar algo más de coherencia argumental (como si la necesitara) insertando una trama pseudo-detectivesca afortunadamente sólo sugerida, y una conversación final entre Bill Harford y Victor Ziegler (Sidney Pollack) que rompe con esa sensación de irrealidad que transmite el resto de la película.

Fotograma de Eyes wide shut

Eyes wide shut puso fin a una de las trayectorias más brillantes de la historia del cine, la de un director que siempre estuvo, como mínimo, notable. ¿Qué mejor final para un cineasta ajeno a modas y convencionalismos que hacer que la última palabra de su filmografía sea la que es? Al menos, nos queda el consuelo de que se fue como los grandes, cuando todavía estaba en la cima, cuando todavía era capaz de hacer obras de arte, pero no podemos evitar la sensación de que, con su muerte, el cine haya dejado de ver alguna obra maestra más.

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Comentarios (2)
  • barry lyndon

    ni dudes q stanley, con su edad, podía haber regalado alguna maravilla más. Esta película me parece soberbia. Me ha gustado tu crítica. Pienso que capta la esencia del film. Al leerla me has transportado de nuevo a su recuerdo. Grande kubrick, pero grande grande grande.

  • Anonimo  - Flojito

    Creo Que se trata de una critica superflua. Esta pelucula tiene un symbolism q no se narra. Ojos totalmente cerrados.

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