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Crónica de Sitges 2013. Lunes 14.
Escrito por Dr. Manhattan   
Martes, 15 de Octubre de 2013


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SUBIENDO EL NIVEL


Es lunes por la mañana y la muchedumbre del fin de semana ha dado paso a la normalidad del currito; por las calles desfilan camiones de fruta, señoras mayores limpiando las ventanas de las casas, gente haciendo sus recados diarios... Y cine, también sigue habiendo cine (aunque resulte algo extraño observado en el contexto anterior). Se puede ver en toda esa jungla de “periodistas” con nuestra acreditación colgando del cuello, que vamos de arriba para abajo como pollo sin cabeza en busca de nuestra siguiente ración de consumo cinematográfico.

La imagen del festival

Porque, en efecto, cuando uno concatena hasta tres o cuatro películas seguidas, ingesta en cinco minutos un bocadillo para a continuación meterse otra sesión de tres o cuatro hasta la madrugada, no puede sino ser denominado como “consumo”; una forma más convencional de nombrar a la cinefagia que cada día vivimos en Sitges. Y sin embargo por eso amamos un festival como éste (entre otras muchas cosas). Además la calidad de las cintas hoy proyectadas me pareció, por lo general, algo mejor que la de los dos primeros días, así que doble apuesta. Desgranemos:


  • A glimpse inside the mind of Charles Swan III (Roman Coppola). Segunda película dirigida por uno de los hijos de Francis Ford, Roman, donde también participa su primo, el genial Jason Schwartzman. Se trata de una suerte de comedia alocada que pretende ser original, muy en la línea de los trabajos de Wes Anderson pero sin llegarle a la suela de los zapatos, urge decir. Todo gira en torno a las peripecias de un vividor como Charles Swan, interpretado con gracia por un Charlie Sheen que logra sonscar nuestra sonrisa en más de una ocasión; también aparecen algunos habituales del cine de Anderson, como son Bill Murray (que ofrece los mejores momentos de la cinta cuando hace acto de presencia, sobre todo en su primera aparición, caracterizado de vaquero al estilo de John Wayne) o el ya mencionado Jason Schwartzman, que solamente con su mata de pelo que recuerda a la de los jugadores de la NBA de épocas pasadas ya se gana nuestra complicidad. Tiene su gracia esas visualizaciones o insertos en la vida del protagonista, pero el conjunto termina por no decir nada, más allá del sano espíritu happy que desprende.


  • Frankenstein’s Army (Richard Raaphorst). Suenan las fanfarrias de Stalin y su ejército rojo y vemos cómo la cámara de uno de los soldados registra la crudeza de la guerra en primera persona. ¿Una película bélica más? Desde luego que no. Lo que sigue es una espiral de locura personalizada en el enfrentamiento entre el batallón al que seguimos y una especie de robots mecanizados y tremendamente violentos, que tienen cuchillas y toda clase de objetos peligrosos por extremedidades y que parecen albergar un objetivo claro: acabar con todo lo que se les ponga por delante... con cabeza. Puesto que detrás está una reproducción más del doctor Frankenstein, en esta ocasión versión nazi, que tiene a bien utilizar su inteligencia para revivir cadáveres, incorporándoles los mencionados elementos y convirtiéndolos así en lo más parecido a bizarras máquinas de matar, todo ello situado en el oscuro y derruido enclave de un búnker. Vuelven a sonar las fanfarrias de Stalin y su ejército rojo. Y yo aplaudo. Participa en la Sección Oficial Fantástico Panorama.


  • We are what we are (Jim Mickle). El director de la interesante Stake Land presenta ahora el remake de la película mexicana Somos lo que somos, de Jorge Michel Grau. Y realiza un ejercicio de varianza: despoja el verismo y la inmediatez de ésta para ofrecer un relato de canibalismo que no es una película de terror, sino un profundo e impactante drama. Una familia, que se adivina de posibles en el pasado, está ahora hundida en la miseria y sin nada que echarse a la boca. La muerte de la madre deja a las dos adolescentes y el pequeño hijo en soledad con el autoritario padre, y la convivencia se hará cada vez más tensa. Rodada con elegancia y sutileza, y punteada con una música de piano constante -que puede llegar a resultar reiterativa-, lo mejor del film es su capacidad para retratar una historia tan tremebunda sin la necesidad de recurrir al susto fácil o caer bajo el manto de la explicitud, salvo en la explosión final, que funciona como elemento catártico y se antoja necesario como colofón de una narración suave, sostenida y profundamente seductora. Pinta para premio, ya que participa en la Sección Oficial a concurso.

Brilante Mendoza, presentando la película


  • Sapi (Possession) (Brillante Mendoza). Brillante Mendoza es un realizador filipino ya consolidado internacionalmente gracias a filmes de la excelencia de Kinatay o Lola. Sus historias siempre giran en torno a temáticas sociales, y es que su interés parece inclinarse por entrometer la cámara en medio de la sociedad que le ha visto crecer, y explorarla (y transformarla) bajo su punto de vista. En Sapi (que participa en la Sección Oficial Fantástica a Competición) ocurre exactamente lo mismo, y es por eso que se trata de una película de posesiones tan diferente a lo que estamos habituados a ver. Aquí apenas hay efectismo, y el fantástico se introduce en la narración de la misma manera que un espíritu se introduciría en una casa: sigiloso pero inapelable. A Brillante le interesa el fantástico para contar las historias y supersticiones de su tierra; así la constante lluvia representa una amenaza y supone el marco ideal para la manifestación de entes incorpóreos; igualmente la maldición que se desata alrededor de los personajes principales, periodistas de las dos compañías de televisión más grandes del país, tiene su origen en el afán de audiencia que puede ofrecer la filmación de una posesión real, y que el tráfico con ese material desencadena una transmisión del mal alrededor. Metáforas de la ignominia del mass media y el prime time, los auténticos diablos de los que habla este extraordinario film que poco o nada gustó al respetable (a pesar de la presencia del director en las butacas).


  • Nobody’s daughter Haewon (Hong Sang-soo). Otro remanso de paz como el que comentaba en la crónica de ayer. En realidad, poco o nada de fantástico puede apreciarse en una cinta como Nobody’s daughter Haewon (es por eso que está sabiamente enmarcada en la sección Nuevas Visiones, tal y como ocurría ayer con Violet), pero tanto da. La dulzura de la chica protagonista, su visible bondad, la manera en que se relaciona con el resto, como si no esperase nada a cambio, te gana por completo desde su primer plano. Su madre se va a Canadá y ella debe seguir con su vida, con sus relaciones, afrontar su ruptura con el profesor de literatura con el que salía... Y todo resulta tan natural como la vida misma, pero dotado de la magia que sólo un realizador como Sang-soo puede ofrecer, al que le basta con situar la cámara en situación estática y a metro y medio de los personajes para extraer todo el jugo a su existencia, que podría ser una prolongación de la nuestra. Lo más parecido a un Woody Allen en su etapa gloriosa, pero mejor dirigido. Sencillamente deliciosa.

Curioso contraste con el cortometraje que nos pusieron antes, Bite Horse (dirigido por Sam Walker), que en realidad es un videoclip para el grupo Mississipi Witch. Extrema combinación de imágenes y sonido en una pieza bizarra hasta decir basta, pero igualmente fascinante y a la que no puedes dejar de mirar. Definitivamente los programadores de este festival son unos cachondos.


  • Kiss of the damned (Xan Cassavetes). Hijo del más famoso de los realizadores independientes americanos, John Cassavetes, Xan nos ofrece el cierre de este ajetreado día con una de vampiros. Se trata, cómo no, de una historia de amor, pero su puesta en escena se aleja del convencionalismo habitual que atañe a estas historias y se adivina un espíritu european trash, lo que le aporta un aire de frescura y extrañeza. Esa música de sintetizadores, esa cámara al ralentí, esas otras melodías encantadoras... Como si estuviéramos dentro de un sueño, seductor y peligroso, pero sueño al fin y al cabo. Lástima que a partir de su tramo medio dé vueltas sobre la misma idea y no sorprenda mucho más. Pero a estas horas de la madrugada viene bien una buena ración de sexo extraño y alucinado. Vaya que sí.

Exposición de carteles a la salida del cine Auditori

Lunes a la 1 de la madrugada (martes, cabría decir ya), 6 películas en 17 horas en mi cada vez más completo currículo de festivalero. Unos pocos hacen cola a la salida del cine El retiro, donde acabo de ver la última película del día para mí, para enfrentarse a un maratón de casi cuatro horas. Pienso que esa gente será la que sobrevivirá a nuestra especie el día que se avenga el fin del mundo.

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