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Pacific Rim
Escrito por Dr. Manhattan   
Lunes, 12 de Agosto de 2013


Valoración espectadores: 6.00

Valoración de VaDeCine.es: 6.5

Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013)Título original: Pacific Rim
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 2013 Duración: 131 min.
Dirección: Guillermo del Toro
Guión: Travis Beacham, Guillermo del Toro
Fotografía: Guillermo Navarro
Música: Ramin Djawadi
Intérpretes: Charlie Hunnam (Raleigh Becket), Rinko Kikuchi (Mako Mori), Clifton Collins Jr. (Ops Tendo Choi), Idris Elba (Stacker Pentecost), Ron Perlman (Hannibal Chau), Charlie Day (Dr. Newton), Rob Kazinsky (Chuck), Max Martini (Herc)

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BLOCKBUSTER DE AUTOR

Pacific Rim es sin duda el blockbuster de este verano. Se trata de una cinta que reúne todo el aparataje comercial en torno a sí para convertirse en uno de los hits de las vacaciones estivales. ¿A quién no le place ver darse mamporros de lo lindo entre robots gigantes y monstruos de apariencia prehistórica? Eso contentará a una gran parte del público, que además agradecerá (o no) el hecho de observar “algo” de historia detrás de eso. Si a eso sumamos una serie de preceptos e ideas fácilmente reconocibles en una parte del género fantástico y muy propias dentro del universo fílmico de su director, el mexicano Guillermo del Toro, entonces ese “algo” pasa a convertirse en una sensación de solidez y aprovechamiento para el aficionado connoisseur, lo que proporcionará un mayor disfrute de un film de estas características.  

Seres compatibles

Guillermo del Toro es un realizador que, con el paso de los años y cada nueva película, ha sabido labrarse un sello distintivo. Una imaginería auténtica que sin duda bebe de múltiples (y muy diversas) fuentes referenciales -que van desde la asimilación de los ritos paganos de la cultura ancestral mexicana, sin olvidarse de los últimos ramalazos festivos de su sociedad, hasta la pasión por la literatura del horror de H.P. Lovecraft, sumo pilar de su educación e intereses creativos-, pero que ha conseguido aunar dentro de un reconocible y eminentemente efectivo universo propio. Así, ha dado a luz a soberbias cintas dentro del fantastique, como Cronos o El espinazo del diablo, donde desplegaba toda su pasión por mundos extraños poblados de sangre y fantasmas a raíz de un trabajado sentido de la artesanía; pero también ha sabido acoplarse a los fastos de la gran maquinaria hollywoodiense, y aprovechar las enormes posibilidades de producción que le otorga la industria para desplegar una mayor fuerza visual, pariendo retoños nada despreciables (Mimic, Hellboy). Todo ello manteniendo por bandera un exquisito gusto por el entretenimiento de calidad, buscando y sabiendo encontrar la sinergia con la sensibilidad pop de nuestra generación.

En su última película, Pacific Rim, conjuga todo lo anterior con su confesada pasión infantil por las películas japonesas de “kaiju eiga” (monstruos gigantescos que arrasan ciudades enteras), cuyo máximo exponente sería Godzilla; y los seriales de anime que surgieron con posterioridad (Ultraman, Mazinger Z o la más reciente Neon Genesis Evangelion); aunque resulta reconocible también su gusto por un film moderno muy estimable y que pasó bastante desapercibido en su momento, pero que, con el paso del tiempo, va generando mayor culto a su alrededor: Starship Troopers. Por todo este trabajo de laboratorio, y por la evidente diferencia de fondo (y a nada que se observe, también de forma), el film de Del Toro se encuentra en las antípodas de la cacareada serie de Michael Bay, Transformers; resulta tentador caer en la comparación, pero más allá de la similitud de planteamiento de batallas entre seres gigantescos, aquélla no puede tener lugar.

Lucha de colosos

La coyuntura de presente apocalíptico que plantea la cinta se inmiscuye en una sociedad, la nipona, que parece haber asimilado las situaciones de terror en la que los monstruos se disponen a arrasar con la especie humana -sin que ésta sepa muy bien el porqué de su origen-. Tanto es así que se construyen gigantescos robots para hacerles frente. Pero parece que la fuerza de un único piloto no resulta suficiente, y es necesaria la unión de dos personas mentalmente compatibles para lograr el éxito. He ahí uno de los puntos que más se esfuerza en recalcar el guión: el hecho de que la salvación de nuestro mundo sólo es posible a través de nuestra unión y esfuerzo conjunto (un matiz no por conocido menos importante). Así, el grueso principal de la cinta se desarrolla entre preparativos más o menos discursivos y físicos, y alocadas investigaciones -existe toda una subtrama protagonizada por dos científicos locos, en la que participan “personajes” afines al director, como Santiago Segura y Ron Perlman, que quizás sea la parte más auténtica, por friki, del film, aunque sin duda resulte también la más excesiva y casi innecesaria, pero que tiene el único objetivo funcional de restar seriedad al conjunto, mediante el aporte cómico de sus secuencias- para las batallas que tendrán lugar cada vez de manera más frecuente, y que se erigen como verdadero motor de la cinta.

Sin embargo Pacific Rim dista mucho de ser el film definitivo sobre el heroísmo en pantalla. Y eso a pesar de que plantea situaciones y alberga un fondo donde el sacrificio y la lucha por salvar a nuestra especie resultan conceptos eminentemente visibles. Pero a Del Toro no parece importarle tanto ahondar en esa vía -sabedor, quizá, de que una historia así no daba para mayores entelequias- como fabricarse un mundo perfecto de cartón-piedra con el que jugar a su antojo, manteniendo las similitudes de parentesco con el real pero distanciándose en el cometido, con el único fin de entregar secuencias que despierten nuestra admiración sin la necesidad de tener que plantearnos la verificación de su autenticidad. Como si de un cómic en movimiento se tratase, donde la construcción de la hondura emocional de los personajes se mantuviese a un lado en pos del avance más elemental en la narración, siempre guardando estricta relación con la historia pero radicando la importancia en el ardiente deseo de ver el siguiente gran golpe en la inmensidad del papel; cuando todo encaja, aunque sea de manera ínfima, justo en oposición a la grandilocuencia de los postulados de algunos personajes.

El siempre grande Ron Perlman

Porque lo importante aquí es recalcar la enormidad de la fantasía. Una cualidad, esta última, que desprende imaginación y pureza por los cuatro costados, y a cuya aseveración ayuda la incorporación de según qué flashbacks emotivos, que dictaminan la suficiencia de un instante tremendo para la determinación adulta de erigirse en defensor, de convertirse en el “jaeger” que da nombre a los inmensos robots combatientes. Armatostes no demasiados perfectos en su visualización, fáciles de lastimar y en constante reparación, lo que da otra pista sobre las intenciones poco academicistas que (no) ostenta el film. Pero capaces, no obstante, de proporcionarnos secuencias de lucha que son auténticas set pieces dentro de la revolución de imágenes que se dan cita, donde cada puñetazo y golpe resuene en nuestros sentidos con una intensidad pareja a la de los contendientes, y lo que es mejor, donde se nos permita disfrutar, en todo su esplendor, de la batalla que tiene lugar, mérito de un director preocupado en que, toda vez lanzada la fanfarria del espectáculo, nos sintamos plenos partícipes de la misma. La humanidad fruto de la lucha conjunta de los pilotos, que sienten en su propio cuerpo cada golpe que recibe su robot, se entremezcla con primeros planos de los monstruos, que dejan ver todos los poros de su textura, para repugnante asombro del espectador. Una dialéctica de lo más sugerente, sitiada en la mitad misma de la mecánica del desenfreno.

Pacific Rim viene a representar la facción más interesante del puro entertainment reciente. En efecto, el interior de su armadura no alberga hueco para mayores pretensiones que la del noble arte de entretener; ni siquiera su construcción o sus personajes parecen poseer el carisma necesario para desprender la chispa en nuestro interior y así impulsar el vuelo alto de la emoción, pero al menos juega de manera inmejorable su mejor y más llamativa baza, y de paso enriquece un universo palpable, de rica y tangible fantasía, incrementándose de esta manera el personal aura artístico que su director, Guillermo del Toro, es capaz de trasladar de su inefable cabeza a una pantalla de cine.

¡Que te pego, leches!

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Comentarios (4)
  • Sr.Bean

    Si el Dr. Manhattan aprueba esta película, yo no puedo hacer otra cosa que ir a verla. :D

    Un saludo.

  • Dr. Manhattan

    Jajaja qué jugón! Ves, ves, que seguro que la vas a disfrutar. Si no... luego vienes a verme, que te pilla cerca. ;)

  • Dr. House  - El caso es criticar ...

    Manhy,
    Pero pobre Guillermo no le critiques.
    Mira a lo mejor, termina haciendo una versión decente de "Mazinger Z" en cine y todo ...

    Un abrazo.

  • Anónimo

    caca

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