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Salvar al soldado Ryan
Escrito por Error Humano   
Miércoles, 27 de Julio de 2011


Valoración espectadores: 9.50

Valoración de VaDeCine.es: 9

Salvar al soldado Ryan (Steven Spielberg, 1998)Título original: Saving Private Ryan
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 1998 Duración: 169 min.
Dirección: Steven Spielberg
Guión: Robert Rodat
Fotografía: Janusz Kaminski
Música: John Williams
Intérpretes: Tom Hanks (Capt. John H. Miller), Matt Damon (Soldado James F. Ryan), Tom Sizemore (Sgt. Mike Horvath), Edward Burns (Reiben), Barry Pepper (Jackson), Adam Goldberg (Mellish), Vin Diesel (Caparzo), Giovanni Ribisi (Wade), Jeremy Davies (Upham)
Trailer


Nauseas. La angustia previa a la batalla; arcadas de puro pánico. El insondable terror de desembarcar en Normandía en el día y la hora más indeseables: el D, la H. Y una tumba en el Cementerio de los Caídos aguardando héroes póstumos; simples hombres, al fin y al cabo, absolutamente aterrorizados ante la perspectiva de tomar una playa a fuerza de amontonar cadáveres. Apenas un puñado de imágenes resulta suficiente a Steven Spielberg para describir tamaño horror. No será necesario articular palabra para situarnos frente al precipicio; el del abismo que se abre tras el chillar metálico de los goznes de apertura de las barcazas, desbocado por el seco sonido de los disparos que desgarran carne en un rompeolas teñido de sangre. Jamás, nunca, se filmó secuencia bélica semejante. Tan cercana a las vísceras, recorriendo los surcos del rostro de la muerte, aturdida por el ensordecedor ruido. Cámara al hombro; crudo, crudísimo hiperrealismo.

Hasta Caronte temblaría en esta barca.

La espectacular pericia técnica de los compases iniciales de Salvar al soldado Ryan cambiarían la forma de rodar un género entero. De ahí en adelante primaría la atroz veracidad en instantáneas cinematográficas más acordes con las guerras televisadas por los informativos que con la añeja épica de clásicos del cine bélico sobre la Segunda Guerra Mundial. El dramático magnetismo de la ya mítica escena reside en huir de los fuegos artificiales: sin balas de fogueo, cada disparo presenciado duele en el alma misma del estupefacto espectador, cruelmente depositado en mitad de la playa de Omaha. Definitivamente, la denuncia de la barbarie desde la filmación en primer plano.

Tras la tempestad de la para muchos mejor apertura de la historia del cine emerge el humanismo de la misión: rescatar del frente a un soldado raso cuyos tres hermanos perecieron en la misma operación militar. Devolverlo a casa, a su sufrida madre. La insensibilidad podría hacer pensar que Spielberg equivoca el foco dedicando el filme a tal minucia, máxime tras el cruento aperitivo del desembarco. Pero la historia universal se escribe a través de pequeños relatos y, para esta cinta, dedicarse a lo micro no impide -sino que resalta- el retrato de lo macro; haciendo tangible lo grotesco, pues eran personas los allí presentes y madres quienes aguardaban el regreso del hijo tanto como temían la llegada de una bandera cuidadosamente doblada.

A ver quién sale al fresco...

Focalizado pues el discurso en la batida de un puñado de soldados en busca del menor de los Ryan, Spielberg aprovecha para presentar personajes con ejemplar maestría en un ejercicio empático que nos hará comprender, e incluso compartir, la cobardía, el odio irracional, el anhelo del hogar y el miedo a no ser la misma persona que empezó la guerra. Entender y aceptar posturas tan dispares como las de la animadversión de buena parte del comando al propio Ryan -generada por la insignificancia de la personificada misión- o la abnegada obediencia de su indeleble capitán, para quien Ryan empieza siendo el nombre de su billete de vuelta a casa y termina convirtiéndose en alguien a quien reclamar la llevanza de una vida merecedora de tamaño sacrificio.

En su particular y homérica búsqueda, cada parada de esta cumbre spielbergiana aprehende el tempestuoso espíritu de la mayor de las contiendas bélicas que el ser humano ha dirimido. De nuevo los disparos y la sangre, otra vez el espanto de matar a un congénere... Espacio para la violenta exhibición y las pequeñas miserias del alma. Pero también para una conversación distendida recordando -siempre narrada, nunca vista- la paz del hogar, la escuela en que uno trabajaba o la última divertida anécdota junto con tus hermanos. La que ocurrió justo la noche antes de partir hacia la guerra. Hoy, en medio de la horrenda batalla, sus rostros apenas son ya un esbozo en la memoria.

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Comentarios (3)
  • barry lyndon

    Grande!! e injustamente privada del Oscar a mejor película en favor de Shakespeare in love. Al menos Spielberg sí ganó merecidísimamente la dirección. Magnífico texto, por cierto.

  • Guillermo Agita-lanza-e

    "Injustamente privada del Oscar..." ... hmmm... claro, de ahí debe venir lo de "private". No se veía tamaña injusticia desde que Kramer vs. Kramer desbancase a Apocalypse Now y Bob Benton a Coppola. 1979: el año de la infamia académica!!

  • barry lyndon

    y qué lo digas!!

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