Valoración de VaDeCine.es: 2
Título original: Limitless Nacionalidad: EE.UU. Año: 2011 Duración: 105 min. Dirección: Neil Burger Guión: Leslie Dixon (sobre la novela "The dark fields" de Alan Glynn) Fotografía: Jo Willems Música: Paul Leonard-Morgan Intérpretes: Bradley Cooper (Eddie Morra), Robert De Niro (Carl Van Loon), Abbie Cornish (Lindy), Andrew Howard (Gennady), Anna Friel (Melissa)
Trailer
Hay películas que pretenden funcionar a modo de entretenimiento evasivo, sin aspirar a mayores pretensiones; de hecho, la mayor parte del cine actual se produce de esta manera, de cara a no dejar de contribuir en el constante proceso de idiotización del público y, por extensión, de la sociedad en la que vivimos inmersos. El problema es que para hacer una película mínimamente digerible debe haber una historia mínimamente aprovechable de por medio, a la vez que una puesta en escena en consonancia con las posibilidades de aquélla, y en el caso de Sin límites todo lo anterior chirría hasta reducirla a un producto perfectamente olvidable.
Básicamente, nos cuenta la historia de un joven escritor (Bradley Cooper, casi lo mejor de la cinta) frustrado y perdido en la vida, que encuentra la inspiración y su particular resurrección personal como consecuencia de la ingesta de una pastilla milagrosa, una droga de nuevo diseño que potencia los conocimientos y hace excepcionalmente lúcido a aquél que la toma. Ello le lleva a escribir un libro en apenas unos pocos días, a verbalizar todo aquello que antes no era capaz en cuestión de segundos, e incluso a convertirse en un experto financiero, conocido y admirado por todos en el sector, tanto como para llamar la atención de un gran jefazo, bien respetado y situado, que le pide asesoramiento (paupérrimo el personaje interpretado por un Robert De Niro cada vez más acabado). 
El libreto tiene algún resorte ingenioso, algún momento en el que parece que fuera a despegar definitivamente para aportar algo más que una oda a las drogas como elemento clave para el triunfo en la vida, sin embargo, su efecto es a corto plazo como el de la pequeña pastilla. Tampoco hay grandes alardes en la realización por parte de Neil Burger, aunque es cierto que su visualización de algunos pasajes capta la gracia del efecto psicotrónico que parece producir la misma, si bien esto solo funciona verdaderamente en aquéllos en los que el personaje principal “se coloca”, resultando un tanto accesorio o efectista en el resto de situaciones en las que también se da.
No hay para más. Tras verla, y a pesar de que resulte algo tonta y sin fuste en su conjunto, queda la extraña sensación de que, quizás en otras manos, podría haberse aprovechado algo más. El caso es que esta Sin límites que nos ocupa hace honor a su nombre y no parece querer frenar en ningún momento… en su carrera hacia la nada.
|
Regulerilla...para echar el rato mientras me comía un par de polos de naranja...y se me ha hecho un pelo larga.