Simin quiere abandonar Irán con su marido y su hija. Nader no quiere abandonar ni su país ni a su padre, enfermo de Alzheimer. De por medio, un accidente termina por complicar las cosas lo suficientemente para que todo salga a flote: los miedos, los rencores, las afrentas olvidadas, los deseos incumplidos...
Hay un marido irascible y derrotado que huele el dinero que puede sacar de acusación tan terrible, una ex mujer que intenta aprovecharse de esta tragedia para recuperar la custodia de la hija, niños perplejos y sufrientes que han sido testigos del supuesto horror, medias verdades y mentiras que no llegan al final, laicismo y religión, tribunales dubitativos, la sensación de que el miedo, las carencias y el abatimiento empapan la atmósfera ambiental de esa sociedad.
Divorcio, religión y diferencias sociales constituyen los elementos de una historia, aparentemente nada extraordinaria, pero que mantiene en vilo y depara giros sorprendentes.
¿Cómo puede ser moralmente correcta la mentira? ¿Hasta qué punto deberíamos arriesgar la seguridad y el confort propios o ajenos para defender la verdad? ¿Y cuánto hay de mezquino en los valores que los padres imparten o, mejor, imponen a sus hijos?
Las interpretaciones son bastante buenas, en todo momento te las crees como personas reales. Lo que les pasa a los protagonistas es algo que nos perfectamente nos podía pasar a nosotros.