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De Dioses y Hombres
Escrito por Error Humano   
Jueves, 20 de Enero de 2011


Valoración espectadores: 8.33

Valoración de VaDeCine.es: 8

De Dioses y Hombres (Xavier Beauvois, 2010)Título original: Des hommes et des dieux
Nacionalidad: Francia
Año: 2010 Duración: 122 min.
Dirección: Xavier Beauvois
Guión: Xavier Beauvois, Etienne Comar
Fotografía: Caroline Champetier
Música:
Intérpretes: Lambert Wilson (Christian), Michael Lonsdale (Luc), Olivier Rabourdin (Christophe), Philippe Laudenbach (Célestin), Jacques Herlin (Amédée), Loïc Pichon (Jean-Pierre), Xavier Maly (Michel), Jean-Marie Frin (Paul)

Trailer

SENCILLAMENTE HOMBRES, AL FIN Y AL CABO

Los hombres nunca cometen maldad tan alegre y completamente como cuando lo hacen desde la convicción religiosa” se lamentaba el pensador francés Blaise Pascal ya por el siglo XVII. Su compatriota, el director Xavier Beauvois, llora en su De Dioses y Hombres que la humanidad siga anquilosada en tan errónea interpretación del credo, fruto de una lectura tergiversada interesadamente para peones de un mecanismo que poco entiende de espiritualidad.

El mérito de Beauvois, más allá de implorar por la tolerancia y la convivencia, residirá en el cómo y en el dónde: porque no es necesario vociferar para hablar claro; porque nadie lo había hecho desde una óptica tan respetuosa con las creencias. Así, silenciosamente y situado a orillas -que no al margen- de la religiosidad, De Dioses y Hombres despliega su profunda reflexión acerca del extremismo, sus causas y sus consecuencias.

Existen otras salas y tronos aún mejores para reflexionar

Pero esta cavilación, lejos de la altisonancia de su enunciado, se ovilla desde la introspección de una congregación cisterciense en medio del Atlas africano, acotando su delicado discurso al quehacer diario de unos monjes galos y su relación con el poblado musulmán colindante: un vínculo de respeto y entendimiento desligado de la deidad a la que cada uno reza. Sin embargo, y como demasiado a menudo sucede, la sensata armonía se verá alterada por el integrismo de unos cuantos. Aquí provendrá de un alzamiento yihadista próximo al monasterio, pero la reprobación para con estos sucesos es universal. La visión aportada por el largometraje está desprovista de posicionamiento político o teológico alguno, interesada únicamente en filmar los rostros y las secuelas sobre estos de lo acontecido, eludiendo el retrato global o partidista del conflicto civil acaecido en Argelia durante los años 90. La cámara, sencillamente, secunda la moción, acompañando a los frailes en su humilde rutina y registrando los efectos de la amenaza sobre ésta.

Así, llevados hasta los límites de su encomienda, los misioneros serán presa del miedo propio de su humana condición; el espanto ante la idea de perder la vida. Es entonces cuando la prueba de fe hace acto de presencia para cuestionar la necesidad de su estancia en aquellos lares, de la entrega de su existencia al ministerio divino, al fin y al cabo.

Beauvois, desde la contemplativa pausa y hasta su indeleble clímax, desgrana los pensamientos de cada miembro de la congregación, convirtiendo a la misma en muestra poblacional representativa de la propia humanidad, donde cada cual, sin épica ni santidad, afronta su martirio de diferente manera. Convicción, cobardía o resignación serán, sin distinción, sentimientos igualmente dignos y comprensibles para quien percibe que su debilidad de hombre le aleja un mundo del acechante e inminente sacrificio.

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“Los hombres nunca cometen maldad tan alegre y completamente como cuando lo hacen desde la convicción religiosa” se lamentaba el pensador francés Blaise Pascal ya por el siglo XVII. Su compatriota, el director Xavier Beauvois, llora en su “De Dioses y Hombres” que la humanidad siga anquilosada en tan errónea interpretación del credo, fruto de una lectura tergiversada interesadamente para peones de un mecanismo que poco entiende de espiritualidad.

El mérito de Beauvois, más allá de implorar por la tolerancia y la convivencia, residirá en el cómo y en el dónde: porque no es necesario vociferar para hablar claro; porque nadie lo había hecho desde una óptica tan respetuosa con las creencias. Así, silenciosamente y situado a orillas -que no al margen- de la religiosidad, “De Dioses y Hombres” despliega su profunda reflexión acerca del extremismo, sus causas y sus consecuencias.

Pero esta cavilación, lejos de la altisonancia de su enunciado, se ovilla desde la introspección de una congregación cisterciense en medio del Atlas africano, acotando su delicado discurso al quehacer diario de unos monjes galos y su relación con el poblado musulmán colindante: un vínculo de respeto y entendimiento desligado de la deidad a la que cada uno reza. Sin embargo, y como demasiado a menudo sucede, la sensata armonía se verá alterada por el integrismo de unos cuantos.  Aquí provendrá de un alzamiento yihadista próximo al monasterio, pero la reprobación para con estos sucesos es universal. La visión aportada por el largometraje está desprovista de posicionamiento político o teológico alguno, interesada únicamente en filmar los rostros y las secuelas sobre estos de lo acontecido, eludiendo el retrato global o partidista del conflicto civil acaecido en Argelia durante 1996. La cámara, sencillamente, secunda la moción, acompañando a los frailes en su humilde rutina y registrando los efectos de la amenaza sobre ésta.

Así, llevados hasta los límites de su encomienda, los misioneros serán presa del miedo propio de su humana condición; el espanto ante la idea perder la vida. Es entonces cuando la prueba de fe hace acto de presencia para cuestionar la necesidad de su estancia en aquellos lares, de la entrega de su existencia al ministerio divino, al fin y al cabo.

Beauvois, desde la pausa y la contemplación, desgrana los pensamientos de cada miembro de la congregación, convirtiendo a la misma en muestra poblacional representativa de la propia humanidad, donde cada cual, sin épica ni santidad, afronta su martirio de diferente manera. Convicción, cobardía o resignación serán, sin distinción, sentimientos igualmente dignos y comprensibles para quien percibe que su debilidad de hombre le aleja un mundo del acechante e inminente sacrificio.

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Comentarios (2)
  • cruela de vil

    en vez de tanto palique y mentiras sobre la beatificación de JP II, la iglesia podría reflexionar sobre este extraordinario largometraje.

  • barry lyndon

    Rebosa humanidad, en todos los sentidos. Una gran película.

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