Valoración de VaDeCine.es: 8
Título original: Green zone Nacionalidad: Francia, EE.UU., España, Reino Unido Año: 2010 Duración: 115 min. Dirección: Paul Greengrass Guión: Brian Helgeland Fotografía: Barry Ackroyd Música: John Powell Intérpretes: Matt Damon (Miller), Greg Kinnear (Clark Poundstone), Brendan Gleeson (Martin Brown), Jason Isaacs (Briggs), Yigal Naor (Al Rawi)
Página web Tráiler
No es asunto baladí congeniar entretenimiento y virtud, compromiso y técnica, investigación y realidad, dentro del juego establecido en el interior de la ficción cinematográfica. Y aún lo es menos cuando en el trasfondo de esa mixtura incierta se hallan hechos de la gravedad política (social; económica; moral en fin) como los aquí narrados, todavía demasiado cercanos en el tiempo y sin una resolución satisfactoria, para mayor circunspección.

Pues bien, el director Paul Greengrass juega sus enfatizadas bazas en Green zone – Distrito protegido, no para entregar la solución al conflicto de Irak (ni puede, ni quiere hacerlo), ni para establecer la visión definitiva sobre el mismo (aún quedan muchas cintas por venir sobre este delicado asunto, quizás menos comerciales y en efecto más rigurosas con los acontecimientos), sino para cuajar un thriller de altos vuelos, conduciéndolo a una vertiginosa velocidad sin por ello atropellar el moldeado de su argumento. Éste parte de las conclusiones que el periodista del Washington Post, Rajiv Chandrasekaran, extrajo en su libro Imperial Life in the Esmerald City: Inside Iraq´s Green Zone, y es el habilidoso guionista Brian Helgeland el encargado de trasladar a la gran pantalla una verdad en él manifiesta sobre la ingnominiosa mentira de las armas de destrucción masiva, alcanzando con cierta soltura la difícil compensación entre el desenmascaramiento crítico y la narración ficcional, que tiene el atrevimiento de situar a un soldado rebelado en el eje del huracán. Así, la historia bascula sobre dos ejes principales: la infructuosa búsqueda de las ADM (Armas de Destrucción Masiva) -que origina la concienciación y toma de partido del subteniente Miller (interpretado por el reconocible Matt Damon)-, y las enemistades y enfrentamientos que este hecho genera alrededor de las diferentes organizaciones estadounidenses de alguna manera presentes en la invasión de Irak (fuerzas políticas, ejército y CIA, principalmente). Se destapan intereses estratégicos, se dejan entrever pactos secretos y mentiras de estado de fatídicas consecuencias bélicas, se manifiestan absurdas imposiciones irrebatibles... Todo cuanto sea con tal de obtener reputación política, repercusión mediática y, por encima de todo, influencia y respeto. La permanente búsqueda y reafirmación en el poder por parte del poderoso, en suma.

Pero a Greengrass no le interesa enredar al espectador en reflexiones mayores y se encarga de dinamizar la narración hasta el punto del colapso mismo. No hay momento para el pensamiento, sino que todo el relato avanza a un ritmo trepidante y siempre girando entorno al personaje interpretado por Matt Damon, quien personaliza la batalla adrenalínica por la búsqueda de la verdad. La autoreferencia a la saga Bourne por parte de la dupla director/actor es, pues, más que intencionada; de hecho, existe tal literalidad en la traslación del ideario y la forma en aquélla presente, que se podría aseverar que la diferencia más apreciable es el escenario donde transcurren los hechos, ya que el motivo del espionaje y la habitual e indisimulada incisión política con que el director impele a sus films son también parte clave en Green zone. Como si de un documental a ras de suelo se tratara, durante la mayor parte del minutaje somos partícipes de la acción, nos vemos inmiscuidos en el interior del plano y sentimos el traqueteo de la cámara a nuestro alrededor. Es el auténtico estilo Greengrass, ése que hace acopio de la filmación cámara en mano, del continuo reenfoque de lo observado, de la constante corrección; se trata de la inquieta búsqueda de lo esencial, aunque ésta provoque cierta confusión momentánea. Un nervio cinematográfico que, aplicado a las reglas constructivas del thriller, da como resultados algunas de las mejores escenas de persecución humana que hayamos podido ver últimamente. Un espectáculo que nos afecta a todos, y del que todos debemos participar. La oposición a la sinrazón nos va en ello.

|
Yo quedé encantado. Este binomio ya nos ha dado buenos momentos y repiten aquí.
Damon es un crack y Green se sale rondado esas secuencias rápidas aunque (para mi) sin nada o casi, de confusión...no como tal director de robots... :woohoo:
Acción, intriga, política y una gran mentira. Mucho y bien conjuntado en este film.
Un saludo.