Valoración de VaDeCine.es: 5
Título original: The lovely bones Nacionalidad: EE.UU., Reino Unido, Nueva Zelanda Año: 2009 Duración: 121 min. Dirección: Peter Jackson Guión: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson Fotografía: Andrew Lesnie Música: Brian Eno Intérpretes: Saoirse Ronan (Susie Salmon), Mark Wahlberg (Jack Salmon), Rachel Weisz (Abigail Salmon), Stanley Tucci (George Harvey), Susan Sarandon (Grandma Lynn)
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Adaptación de la novela homónima de Alice Sebold, el afamado director Peter Jackson traslada su imaginación a un nuevo mundo de fantasía, porque aunque la historia que nos cuenta comience en suelo firme, despojado éste de orcos y demás seres de marcado carácter mitológico (al menos a priori), terminará en uno de los mundos (o inter-mundos) más milagrosos que últimamente se hayan concebido para la gran pantalla; una pena que milagroso rime demasiado peligrosamente con empalagoso.

No desvelo nada si cuento que la película narra la vida y temprana desaparición de Susie Salmon, una joven alegre y sencilla, ilusionada con su existencia y la familia que le rodea, que una vez agasajada por la repentina y feroz muerte, seguirá manteniendo tal carácter debido a su encuentro con ese lugar misterioso e inesperado que es el paso anterior al cielo, un lugar más maravilloso, incluso, de lo que podía ser la vida real. Y digo que no destapo nada al describir lo anterior porque es ella misma quien actúa como narradora de la historia desde un primer momento, un ente omnipresente que, eso sí, bajo la tutela de Jackson, funciona a trompicones y no sin cierto capricho en sus apariciones Uno no puede más que recordar la reciente Camino al contemplar a la nueva protagonista y las diversas atmósferas en que se ve envuelta, y sin embargo The lovely bones no merece ser comparada con aquélla porque, cuanto menos, es un film que -más allá de una realización exquisita- lleva su propuesta hasta el corazón del que así quiera aceptarla, sin presencia de trampas importantes en su libreto ni intenciones dogmáticas que pretendan confundir al espectador. Asimismo, la contención que Peter Jackson efectúa sobre la parte terrena (sobre todo apreciable en determinadas planificaciones y planteamiento de situaciones que atañen a las relaciones de los principales protagonistas), y el mimo con el que siempre acaricia la narración a lo largo de sus diversos pasajes, son de agradecer.

¿Qué falla, entonces? El exceso, además de una cierta indefinición. La mermelada visual en la cual no duda en recrearse para reflejar esa estancia intermedia entre la vida y la muerte, inundada en color, alegría, carreras al borde de un mar donde balones gigantes ruedan en paralelo a nuestra heroína particular; todo es de una magnificencia (fielmente recreada por el carismático espíritu del realizador neozelandés, eso sí) tan tamaña que acaba desbordando la pantalla para alcanzar a un espectador que termina por hastiarse ante el frenesí de imágenes excesivas que ante él acontecen. Todo es demasiado bonito, y aunque la carcoma y la suciedad existen y se muestran a lo largo del relato, parece que la mezcla de ambas vertientes queda demasiado en medio, sin hallar su lugar concreto, dejando el destino de los personajes al azar; puede que cada uno acabe donde se merece, pero da la sensación de que la aventura particular de cada cual es un misterio insondable e irresoluble, incómodo en definitiva. Queda el mensaje de la superación y la lucha por seguir adelante en el seno de una familia que, de alguna manera, se levanta y busca sus motivaciones, a la par que reflexiona sobre sus errores, a partir de un hecho traumático (tema al que apela el título); también la sensación de pureza y calidad de espíritu por parte de una niña a la que apenas le dio tiempo a conocer el concepto de la vida, a suponer la felicidad o a intuir el amor, y que obtiene una justa recompensa posterior, ultraterrena y desvinculada de seres superiores; y, por supuesto, permanece, en extrema contraposición, el retrato de un ser despiadado que no supo disfrutar de su existencia y la utilizó para infundir el mal, aprovechándose de la inocencia, sabedor de su cualidad incorruptible (extraordinaria caracterización por parte de Stanley Tucci). Factores que gravitan sobre la nebulosa e irredenta capa atmosférica del ser humano. Un lugar por descubrir en el que The lovely bones se atreve a penetrar; para bien o para mal.

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Personalmente, The Lovely Bones me gustó mucho. Tenía muchas ganas de verla y no me defraudó. Me pareció muy emotiva y también dura al mismo tiempo. Pero es que las películas así me encantan. Me gusta llorar con el cine.
Un saludo.