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Listado de películas de culto por letra inicial

El Efecto de los Rayos Gamma sobre las Margaritas
Escrito por Agente Cooper   
Viernes, 03 de Octubre de 2008


Valoración espectadores: 6.80

Valoración de VaDeCine.es: 8

EEDLRGSLM cartelTítulo original: The Effect of the Gamma Ray on the 'Man-on-the-Moon' Marigolds
Nacionalidad: U.S.A.
Año: 1972 Duración: 100 min
Dirección: Paul Newman
Guión: Alvin Sargent (obra de teatro: Paul Zindel)
Fotografía: Adam Holender
Música: Maurice Jarre
Intérpretes: Joanne Woodward (Beatrice); Nell Potts (Matilda); Roberta Wallach (Ruth)




Fea historia la que eligió Paul Newman en una de las escasas incursiones en la dirección durante su carrera. Una adaptación de una obra de teatro premiada con el Pulitzer y escrita por Paul Zindal de precioso y extravagante título: El Efecto de los Rayos Gamma sobre Las Margaritas. Hacia el final de la cinta, una de las hijas de la protagonista de la película ejemplificará la metáfora que encontramos en el título y que resume esta incómoda obra: el alto poder de penetración de los rayos Gamma es capaz de afectar seriamente el núcleo de cualquier célula viva y cambiar su ADN. Del mismo modo, el alto poder de penetración de la sociedad en la vida de las personas también es capaz de condicionarla, de crear “mutaciones”.

Beatrice (Joanne Woodward) bien podría ser una de esas mutaciones. Abonada al pesimismo desde el abandono de su marido, vive casi sin dinero, al cargo de dos hijas, epiléptica la primera e inteligente, pero excesivamente introvertida, la segunda. Sus mejores años han pasado, seguramente acabará en soledad el resto de sus días. El capital del que dispone llega por el alquiler de una habitación a viejos moribundos a los que cuida por una miseria pagada por las familias que quieren deshacerse del “problema”. Es complicado mantenerse a flote en un entorno así. Ella lo intenta como mejor sabe. Pero nada es fácil en determinadas circunstancias.

Esto que en ocasiones deviene en la mirada arrobada de muchos directores a una madre coraje, Paul Newman, en un ejercicio de coherencia con su carrera como actor, lo convierte en un desalentador retrato de la perdición, sin ambages, desprovisto del más mínimo recoveco por el que la luz de la esperanza pueda asomarse. Por lo menos en lo concerniente a su principal protagonista. El vocabulario soez, la suciedad de una casa vieja y desordenada, la fealdad formal y el desarraigo emocional de sus hijas abundan en ello.

No es fácil aguantar el envite de un papel así. Joanne Woodward, siempre actriz principal en las películas de su marido, lo hace y encarna a este personaje al borde de la locura, patético hasta decir basta y resentido con un mundo que le condena a una vida perra. Su actuación, premiada en Cannes en 1973, es un fantástico caleidoscopio de registros entremezclados a lo largo de la película –o en una misma toma- con la (in)coherencia del desequilibrio emocional de su personaje, capaz de mostrarse maternal con su hija mayor mientras se muestra iracunda y despectiva con la pequeña. Su paradójica tendencia a contar chistes y resultar, en cierto modo, cómica, incrementa aún más su percepción peyorativa –¿nos reímos de ella o con ella?- como ejemplifica la escena donde Ruth (Roberta Wallach), su hija mayor, la imita en el instituto entre las carcajadas de sus compañeros.


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Paralela a la influencia de la sociedad en la creación de monstruos(?) como Beatrice, emerge la reflexión a cerca de la de ésta sobre sus hijas Ruth y Matilda (Nell Potts), mucho más compleja e interesante por lo inusual de su desarrollo, completamente desligado de cualquier convencionalismo. Este triángulo emocional es expuesto una manera progresiva por un Newman muy académico en el encuadre pero perfectamente ordenado en el desarrollo narrativo y atento con su cámara para captar la explosión sentimental que está rodando. Ruth, reflejo de lo que fue su madre y, por tanto, afín a ella, es una díscola adolescente en ebullición que poco a poco irá descubriendo la realidad de su propia vida y la vorágine en la que se encuentra, cuyo horizonte ve todos los días en casa. Matilda (resplandeciente la hija real de Paul Newman y Joanne Woodward en el papel), a pesar de su corta edad, es inteligente y ya es consciente de esta realidad. Así, se muestra distante en un intento de limitar la influencia perjudicial de su madre; a la que, sin embargo, le resulta imposible no amar y, por tanto, reclamar de ella el cariño y la atención que sí ofrece a su hermana mayor. A esta encrucijada de ambas hermanas se amolda perfectamente el metafórico proyecto científico que desarrolla Matilda en el colegio sobre el crecimiento de unas flores en entornos de radiactividad perjudiciales.

Dentro del buen tono de la película, con algún altibajo, pero en general interesante en todo momento, cabe destacar la última media hora de un excelente guión que concluye con la secuencia de la feria científica: Beatrice, humillada por su hija querida, emerge entre las sombras para tratar de realizar un último acto de orgullo materno truncado por su imposibilidad de comportarse como ser social.

Como en el experimento que Matilda desarrolla, alguna esperanza llega en la culminación de este retrato descarnado proveniente de un actor que dejó muchos perdedores para el recuerdo. Del mismo modo en que la propia radiación desencadena, en algunos casos, el florecimiento de capullos preciosos; en las cloacas de nuestra sociedad a veces también es capaz de florecer la belleza.

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