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Luz que Agoniza
Escrito por Error Humano   
Sábado, 11 de Abril de 2009


Valoración espectadores: 8.00

Valoración de VaDeCine.es: 8

ImageTítulo original: Gaslight
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 1944 Duración: 114 min.
Dirección: George Cukor
Guión: John Van Druten, Walter Reisch, John L. Balderstone (obra teatral 'Angel Street': Patrick Hamilton)
Fotografía: Joseph Ruttenberg
Música: Bronislau Kaper
Intérpretes: Ingrid Bergman (Paula Alquist), Charles Boyer (Gregory Anton), Joseph Cotten (Brian Cameron), Angela Lansbury (Nancy Oliver), Dame May Whitty (Miss Bessie Thwaites), Barbara Everest (Elizabeth Tompkins),
Trailer


Nunca le terminó de hacer gracia a George Cukor la hollywoodiense etiqueta de genial ‘director de actrices’. En el fondo, no era más que un disimulado cliché para aceptar dentro de la industria la reconocida pero discreta homosexualidad de este realizador. Paradigma de lo políticamente correcto, esta bienintencionada calificación no hace justicia al trabajo de Cukor, que debe ser considerado -sin discriminación positiva alguna- un excepcional director de intérpretes, a secas. La sinuosa e intrigante Luz que Agoniza viene a reafirmar dicha condición. En este cuidado film, Charles Boyer, con su excelente encarnación de pérfido marido, encuentra magnífica réplica interpretativa en su mangoneada mujer, a la que da vida una Ingrid Bergman que obtuvo el Oscar por este trabajo. Como colofón al excelente reparto, Joseph Cotten aporta su habitual buen hacer mientras Angela Lansbury debuta en el cine como respondona y pizpireta criada.

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Confesión: Las caritas de Johnny Depp siempre me han recordado a las que ponía Charles Boyer.

Sin embargo, y a pesar de antojarse imprescindible, el mayor valor del film no será su espléndido reparto, sino su teatral puesta en escena. Aprovechando su larga trayectoria en Broadway, Cukor supo sacar partido a un elemento demasiadas veces descuidado en una época en la que se priorizaba historia y personajes. Así, rentabilizando el encuadre picado en los logrados escenarios, el cineasta generó el desasosiego que proviene de los ruidos en la buhardilla; y, para establecer simetría con los personajes, se valió de la imagen en la retina de un Londres de doble filo: luminoso de día pero sombrío y brumoso en la noche, cuando la luz agoniza.

En ésta, una de sus incursiones en el suspense, el director de imperecederas comedias como Historias de Filadelfia (1940) centra su discurso en el descenso hasta la inducida locura de Paula -estelar Ingrid Bergman-, quien recién casada se muda junto a su atento marido a la preciosa mansión londinense donde fue asesinada su tía, una afamada cantante de ópera con la que convivía la joven durante su infancia. Afectada por el suceso, nunca había vuelto a pisar aquel lugar, pero ahora, con el apoyo de su consorte, pianista de profesión, cree poder superar el trauma. Sin embargo, pronto el miedo hará mella en la joven que, en ausencia de su esposo, comienza a escuchar aterradores sonidos en el piso superior.


Adaptando la obra Angel Street de Patrick Hamilton, autor entre otras de la pieza teatral La Soga -que más tarde Hitchcock llevara magistralmente al cine-, Luz que Agoniza posee también el toque sofisticado de la alta sociedad londinense y el protagonista de origen humilde que es cegado por este brillo, constantes en la obra del escritor. Este exclusivo universo se ayuda de la melomanía para aportar credibilidad y erudición al conjunto, resaltando la belleza y buscada conveniencia de algunas piezas clásicas como el Aria de la locura de la Lucia de Lammermoor de Donizetti o el emocionante Revolucionario (Estudio Opus 10, nº12) de Chopin.


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Pelea por la chica. Se adelanta La Berrea.

Aclamada por su conseguido suspense psicológico, que prácticamente marcó estilo, no es menos cierto que el desenlace de la historia vive preso de las casualidades en pos de que el bien prevalezca. Un recurso ‘made in Hollywood’ que antaño hacía aplaudir a rabiar en las salas de programa de mano y acomodador, pero que, hoy día, envejece el film con una resolución que obliga a la condescendencia en el juicio, pues, al fin y al cabo, no conviene severidad a la hora de acercarse a imprescindibles obras del ayer cinematográfico como esta Luz que Agoniza, una cinta que, sin lugar a ningún tipo de dudas, posee el encanto de lo perdurable, haciéndose meritorio hueco en nuestra cultura y memoria cinéfila.

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