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Crónica de Sitges 2013. Sábado 12.
Escrito por Dr. Manhattan   
Domingo, 13 de Octubre de 2013


Valoración espectadores: 0

ELI ROTH SORPRENDE Y TERRY GILLIAM REINCIDE


Un año más nos encontramos en tierras catalanas para asistir al festival de cine fantástico por excelencia, Sitges. Esta edición de 2013 ve reducida sus días con respecto a la del año pasado, lo que repercute en una mayor compresión de las películas que estos días se podrán ver en el festival. En nuestro caso, nos afecta directamente, puesto que nos resulta imposible desplazarnos hasta esta bonita población barcelonesa el día de su comienzo (viernes), no pudiendo recoger la acreditación hasta el día de hoy a las 9 de la mañana y perdiéndonos así alguno de los films más importantes.

Terry Gilliam y Ángel Sala, chateando por wassap ante la sonrisa cómplice del traductor

Esta coyuntura se agrava si el número de films de mayor relevancia de toda esta edición se proyectan este primer día, que es precisamente lo que ha decidido la organización. De esta manera, nos quedamos sin ver la cinta de apertura, Grand Piano (dirigida por el español Eugenio Mira), más los estrenos de Byzantium (de Neil Jordan) y Upstream Color (el esperado segundo filme de Shane Caruth, quien ya sorprendiera a propios y extraños con su debut: Primer). Normalmente las películas tienen varios pases (algunas hasta un máximo de tres), pero las anteriores han quedado programadas de tal manera que resultaba imposible su visionado para aquel que llegara el sábado. Por suerte, pude reservar la entrada de hoy para lo nuevo de Terry Gilliam, The zero theorem, por los pelos... Personalmente, no termino de comprender este tipo de decisiones por parte del festival, y no es la única custionable; aunque de esto hablaremos en otro momento.

Pero vayamos a las películas, que es la clave de este asunto. Hoy, y debido a las complicadas circunstancias de las reservas (que tampoco escaparán a nuestra voz, siempre crítica y sincera), pude visionar cuatro cintas, que os paso a comentar brevemente:


  • The green inferno (Eli Roth). Desayunamos fuerte este Sitges 2013 con una de caníbales. Los muchos años transcurridos desde la segunda parte de Hostel (2007), parece que le han servido a Eli Roth para madurar sus ideas de cara a su nueva realización, The green inferno. Cuaja así una cinta absolutamente salvaje, donde los amantes del gore tendrán su exquisita ración servida en su propio jugo (rojo), pero sin olvidarse de deslizar un nada inocente mensaje crítico, más bien cáustico, bajo ese manto de aparatosidad. No se trata de algo muy fino (ni que vaya a hacer reflexionar demasiado una vez acabada la proyección), pero puede que esta expedición violentamente truncada de jóvenes universitarios a la selva amazónica en defensa de la naturaleza y los derechos de los aborígenes sirva para demostrar algo que, por muy evidente que resulte, se olvida con facilidad bajo la seña del idealismo: la imposible domesticación de nuestro instinto y raíz salvaje. Debida (y necesariamente) salpicada de elementos socarrones que rebajan el grado de tensión general, bien realizada -alberga un par de secuencias realmente impactantes, no tanto por su violencia intrínseca, que también, sino por cómo consigue generar inquietud y pavor en el espectador gracias a una puesta en escena muy bien pulsada- y con algunas de las secuencias más bestias que un servidor recuerda en una pantalla grande, The green inferno es mucho más que un sentido homenaje a Holocausto caníbal, e incluso la ondeante bandera del Ché y todo el fanatismo ciego que su imagen genera a nuestro alrededor, sale mal parada. ¿Se puede pedir más para comenzar?

  • The jungle (Andrew Traucki). Sí, se podría haber pedido una continuación en la línea de la anterior. Pero no, únicamente el desarrollo en una selva inhóspita parece el nexo de unión entre la anterior y esta pobre cinta. Si no fuera por su ansiado final, pasaría por un documental sobre la caza de leopardos, emitido a las tres de la tarde en la 2, pero con un plus de tensión. El mayor problema de The jungle es que rebasa (y con creces) la fina línea donde la tensa espera se confunde con el sopor, por lo que sus aspiraciones de generar miedo en el espectador se desvanecen muy pronto. Demasiado. Tanto que el final ya no interesa, y el aspecto mágico nos chirría. Y el público abuchea, se levanta y se va a otra cosa.

  • The zero theorem (Terry Gilliam). Ángel Sala, director de Sitges, aparece micrófono en mano sobre el escenario y es entonces cuando confirmamos que está aquí. Inefable camisa, pantalón vaquero, sandalias y un aspecto demasiado envejecido cuando se le mira tan de cerca: Terry Gilliam, maestro del absurdo, visionario del futuro, aparece y nos dedica una generosa introducción a su particular universo mientras juega a intercambiarse importancia con el amanerado traductor. The zero theorem, su última creación, no es nada novedosa y viene a reincidir en su habitual imagenería y mensaje sobre un futuro desolador, que en realidad es una transcripción del presente, pasada por el filtro y el sabor de unos cuantos ácidos. Y sin embargo no deja de sorprendernos con su rica puesta en escena, que se basa en una concepción barroca de la imagen, donde la acumulación de elementos curiosos y coloridos en exterior, enfrentada a la decadente tonalidad interior, o a la media iluminación en según qué paraje de oportuna importancia en el devenir de este relato sobre el automatismo, la falta de libertad y, por tanto, de libre amor y relación, produce un sentimiento de extraña melancolía sobre el espectador. Si bien de la misma manera su difícil asimilación resulte en una sensación de desbordamiento, además de transmitir la sensación de un claro exceso. Pero da gusto disfrutar de un animal de la pantalla como Christopher Waltz, aunque sea rapado y en versión decadente. Y de Melanie Thierry también. Puede que más, incluso. No sólo de cine vive el hombre...

Apelotonamiento zombi

  • Contracted (Eric England). Es medianoche y aún quedan zombis pululando por ahí. Y por aquí. Esa idea parece transmitirse a la pantalla en una suerte de provechosa simbiosis fantástica, cuando la protagonista de esta cinta se ve contagiada en una fiesta y su cuerpo comienza a experimentar una transformación que le hará descomponerse progresivamente. Su condición de lesbiana no parece baladí en el devenir de una historia que apunta buenas ideas sobre la identidad y las relaciones pero que no acierta a desarrollar o a explicar con facilidad, y donde parece que prima el relato físico por encima del retrato psicológico, apenas explorado (no digamos ya la componente médica, inexplicablemente ausente en todo el metraje). Pero a esta hora de la noche la gente quería chicha fresca y esplendorosa venida a menos, y ese deleite carnal se cumplió con creces entre el respetable. Y más cuando el director te escucha.

Por lo demás, mucha, muchísima gente por las calles del pueblo hoy sábado. Se nota el tirón del fin de semana. Colas interminables a las puertas de los cines, lo que sigue demostrando que este festival es la referencia ineludible para todo aquel aficionado al fantástico que se precie. Tanto es así que a la tan famosa “Zombie Walk”, donde los zombis campan a sus anchas por esas calles mientras el resto de la gente “normal” tira fotos sin parar para el lucimiento de estos, acuden familias enteras disfrazadas: padre, mujer e hijos se unen así a una tradición tan festiva como inquietante (¡y es que hay algunos maquillajes realmente impactantes!).

Mañana comenzamos a coger carrerilla y continuaremos visionando y comentando más películas (y vicisitudes) para todos aquellos que nos seguís en la distancia y que no podéis desplazaros hasta este evento tan importante de nuestra cinematografía. A ver si así os convencemos para el año que viene.

El equipo de Contracted dispuesto a ser vitoreado


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