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El hombre que sabía demasiado (1956)
Escrito por Inmafun   
Lunes, 04 de Febrero de 2013


Valoración espectadores: 8.00

Valoración de VaDeCine.es: 8.8

El hombre que sabía demasiado (Alfred Hitchcock, 1956)Título original: The man who knew too much
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 1956 Duración: 120 min.
Dirección: Alfred Hitchcock
Guión: John Michael Hayes
Fotografía: Robert Burks
Música: Bernard Herrmann
Intérpretes: James Stewart (Dr. Benjamin McKenna), Doris Day (Josephine Conway McKenna), Brenda De Banzie (Lucy Drayton), Bernard Miles (Edward Drayton), Ralph Truman (Inspector Buchanan), Daniel Gelin (Louis Bernard).


Secuestro,  maniobras de espionaje e intrigas políticas se dan cita en el corazón de la misteriosa Marrakech, un escenario que se antoja propicio para alojar un torbellino de desencuentros y fatalidades que harán que el doctor Ben MacKenna (James Stewart) y su mujer, Josephine (Doris Day), experimenten una lamentable tragedia: el rapto de Hank, hijo de ambos.

En esta ocasión, Hitchcock, nos presenta a un matrimonio más balanceado en sus roles de lo que a priori pudiera parecer.  Aunque velada sutílmente por su abnegación de esposa, el director la dota de una particular relevancia, estudiando así, de manera realmente ingeniosa, las relaciones conyugales.  Él, medico de renombre. Ella, cantante venida a menos, retirada para consagrarse al cuidado de sus familia, al American way of life más estereotipado. No obstante, el aparente sometimiento femenino no tarda en desvanecerse. A medida que avanza el metraje, Josephine consigue posicionarse en el ojo del huracán, siendo su rol la clave en el desenlace de la narración.

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El recurrente escenario londinense será la ubicación elegida para ensamblar las piezas de un puzle que a Ben le han presentado de manera caótica e improvisada. Envuelto erróneamente en una conspiración de la que nada sabe, el efecto de bola de nieve cobrará unas dimensiones colosales de terribles consecuencias para esta familia. Quizá una revancha catártica del destino que penaliza el esnobismo del que hace gala la pareja al bromear con indolencia a cerca de los pacientes de Ben.

A pesar de lo dramático de la situación, Hitchcock, maestro en estas lides, se permite la licencia de crear una tensión añadida que incomoda intencionadamente y desconcierta al espectador: el uso del gag y del surrealismo más abrasivo. La extraña mezcolanza de tonos tiende a ser leit motiv del reputado cineasta, no obstante, en esta ocasión, lleva al espectador al límite. La fascinante interpretación del Qué será, será de Doris Day en la embajada (escrita por Jay Livingston y Ray Evans, Oscar a la mejor canción en 1957) representa uno de los momentos más tensos del metraje. No obstante, en la escena en el  Royal Albert Hall, de 12 minutos de duración sin diálogo alguno, es donde la angustia alcanzará su cénit. Mientras la Orquesta Sinfónica de Londres despliega su magnífica interpretación de la Storm Cloud Cantata de Arthur Benjamin, todos y cada uno de los espectadores, con mórbido desasosiego e impotencia, trataremos de identificar el fragmento musical en el que, ineludiblemente, el choque de los enormes platillos desencadene la pronosticada tragedia. A single crash of Cymbals and how it rocked the lives of an American family.





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