VaDeCine.es: Tu magazine on-line sobre cine con críticas, entrevistas y artículos.

     

Listado de clásicos por inicial

Incidente en Ox-Bow
Escrito por Carlos Díaz Maroto. Colaborador   
Martes, 17 de Julio de 2012


Valoración espectadores: 9.67

Valoración de VaDeCine.es: 9.5

Título original: The Ox-Bow Incident
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 1943 Duración: 72 min.
Dirección: William A. Wellman
Guión: Lamar Trotti (Novela: Walter Van Tilburg Clark)
Fotografía: Arthur Miller
Música: Cyril Mockridge
Intérpretes: Henry Fonda (Gil Carter), Dana Andrews (Donald Martin), Mary Beth Hughes (Rose Mapen), Anthony Quinn (Juan Martínez), William Eythe (Gerald Tetley)


Trailer

William A. Wellman (1896-1975) fue uno de los grandes directores del cine norteamericano. De carrera variada, sin embargo en tres géneros fue donde dio lo mejor de sí mismo: el bélico, el de aventuras y el del oeste. Dejando a un lado su poco accesible etapa muda, dentro del sonoro realizaría Los conquistadores (The Conquerors, 1932), Una gran señora (The Great Man's Lady, 1942), Las aventuras de Buffalo Bill (Buffalo Bill, 1944), Cielo amarillo (Yellow Sky, 1948), Más allá del Missouri (Across the Wide Missouri, 1951), Caravana de mujeres (Westward the Women, 1951) y Track of the Cat [tv/dvd: El rastro de la pantera, 1954], amén de la que nos ocupa. Todas ellas son de buena para arriba, pero puestos a elegir las mejores, uno optaría por Cielo amarillo, Track of the Cat y The Ox-Bow Incident, haciéndose muy difícil calibrar valías de una por encima de las otras dos.

Amén de ello, The Ox-Bow Incident es un western extraño y atípico (al igual que las otras dos)(1) , que bebe mucho del cine negro, el melodrama y diríase casi hasta el expresionismo. El plano inicial muestra a dos jinetes internándose desde lo alto de una loma en un pueblecito de mala muerte, mientras un perro brota de un callejón y atraviesa la (misérrima) calle principal. El plano final ofrece idéntica toma a la inversa, con jinetes y perro regresando por donde vinieron. En el ínterin, a lo largo de un concentrado metraje de hora y cuarto, y en el transcurso narrativo de un solo día, se nos brinda una historia minimalista, desarrollada casi como si de una obra teatral se tratase, aunque la trabajada planificación que le aplica Wellman no permite considerar esa opción en momento alguno. En ese sentido, los planos iniciales ofrecen libertad a sus personajes, entregando planos generales o, en los más cercanos, no acumulándolos en ellos. A medida que progresa la acción, la planificación se va cerrando, y los personajes se constriñen contra los márgenes de la pantalla. Véase, en ese sentido, el estudiadísimo plano de cuando Henry Fonda lee la carta, con un primer plano de Harry Morgan en escorzo, llenando la pantalla, y Fonda detrás de él, con el rostro oculto por el ala del sombrero de su amigo, percibiéndose solo las palabras, el mensaje.


En primera instancia, la película puede ser leída como un alegato en contra de la pena de muerte. En ella, un grupo de pueblerinos cerriles detiene a unos forasteros, acusándolos de la muerte de un ranchero, con el fin de lincharlos. A partir de ahí, el film se dedica a exponer los puntos de vista de unos pocos personajes sensatos (un anciano tendero y un reverendo negro) frente al obcecado fanatismo y sed de sangre de un grupo más numeroso, liderado por un militar adusto y colérico, el mayor Tetley, que considera a su hijo cobarde y afeminado, y se inscribe en el grupo de linchamiento, junto a su vástago, con el fin de hacer de este un hombre de verdad.

Así, la tensión va creciendo de modo paulatino, rodando la acción en un decorado que representa un entorno montañoso con un árbol de ramas torturadas, que junto al agreste escenario, podría representar las retorcidas personalidades de los miembros de la turba o las funestas consecuencias de lo que va acontecer, algo que parece inevitable, pese a los deseos de espectador; de fondo, una noche que se hace eterna y proyecta sus sombras sobre los personajes. De un modo paulatino, algunos personajes irán dudando de lo juicioso y decente de sus acciones y se irán pasando al bando de los más reflexivos.

El resultado es un cautivante estudio de caracteres servido por un excelso reparto, donde destaca un excelente Henry Fonda en un papel heredado de Gary Cooper, que rechazó la propuesta, y acompañado por una grandiosa Jane Darwell como la única mujer del grupo de desalmados linchadores, ella la más desalmada de todos, el magnífico Harry Morgan como el compañero de Fonda o Frank Conroy como el militar que solo rezuma odio hacia su hijo. En este último sentido, la extraordinaria escena entre ambos a través de la puerta ofrece una intensidad apabullante, amén de exponer las relaciones paterno-filiales de un modo insólito en el cine de la época; la gama de emociones que atraviesa el rostro del hijo (excelente William Eythe, en su debut en el cine) pasando del odio a la paz y, al fin, a la maduración, es encomiable.


El guion sufrió problemas con la censura. Debía quedar claro que el sheriff condenaba el linchamiento y que la turba sería castigada; aparte de ello, el personaje de Henry Fonda fue reescrito para hacerlo menos cruel y más participativo en contra de la masacre. Un acierto del montaje definitivo fue eliminar una segunda escena, hacia el final, que suponía la reaparición del personaje de Rose Mapen, dejando la acción en la tensa escena de la lectura de la carta, que no existía en el libro, pero que Wellman consideraba esencial.

La extraordinaria fotografía de Arthur C. Miller  otorga a las imágenes un tono agreste, telúrico, expresionista, con esos cielos tormentosos que continuamente amenazan con descargar sobre sus personajes; véase, además, el modo asombroso en que está rodada la secuencia del linchamiento, su extrema dureza aún en off, y la panorámica que solo exhibe la sombra de los cuerpos pendiendo. Y es que The Ox-Bow Incident no es solo un western excepcional, sino una película fundamental dentro del cine norteamericano clásico.

(1)Asimismo, tanto The Ox-Bow Incident como Track of the Cat comparten el origen en una novela escrita por Walter Van Tilburg Clark, y la que nos ocupa y Cielo amarillo disponen del mismo guionista, Lamar Trotti.


Compartir
Comentarios (0)
¡Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios! Crea tu usuario pulsando este enlace.
 
VaDeCine.es en Twitter VaDeCine.es en Facebook
Críticas