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Listado de clásicos por inicial

Grupo Salvaje
Escrito por Agente Cooper   
Miércoles, 25 de Julio de 2012


Valoración espectadores: 9.67

Valoración de VaDeCine.es: 9.5

Grupo Salvaje (Sam Pekinpah, 1969)Título original: The Wild Bunch
Nacionalidad: U.S.A.
Año: 1969
Duración: 145 min.
Dirección: Sam Peckinpah
Guión: Walon Green & Sam Peckinpah
Fotografía: Lucien Ballard
Música: Jerry Fielding
Intérpretes: William Holden (Pike), Ernest Borgnine (Dutch), Robert Ryan (Thornton), Edmond O'Brien (Sykes), Warren Oates (Lyle), Jaime Sánchez (Ángel), Ben Johnson (Tector), Emilio Fernández (Mapache)


Incomprendido y vapuleado en su momento por su cruda exposición de la violencia (los vítores filofascistas serán los mismos dos años más tarde con La Naranja Mecánica de Kubrick, así como la amargura de ambos directores), Grupo Salvaje es, con todo merecimiento, un western legendario y maldito por infinidad de razones. Sin embargo, la controversia no tiene cabida ahora, una vez contextualizado el largometraje, incrustado en los años de mayor frustración social en un país capaz de alumbrar el movimento hippie y la lucha por los derechos civiles mientras su gobierno se involucraba más y más en la Guerra de Vietnam. Como aquellos Estados Unidos de América, todos los personajes de este largometraje resultan contradictorios y, precisamente por ello, inolvidables.

Grupo Salvaje es además la crónica despiadada de los últimos días de una estirpe demasiado anacrónica para ese siglo XX ávido de progreso y coqueto con la corrupción. El interés comercial en la expansión del ferrocarril había ayudado a limpiar con sangre el salvaje Oeste. Los forajidos eran ya una especie en extinción y se vieron empujados hacia la atrasada frontera sur -hacia un país en plena revolución- perseguidos por otros forajidos a sueldo de gobernantes y constructores. Canallas dando caza a otros canallas cueste lo que cueste, para evitar volver a la cárcel o por un puñado de dólares. La clase pudiente, mientras tanto, lejos y con las manos limpias, aferrando bien la cadena. Y si caen ambos, mejor que mejor. Nunca el cine plasmó ni plasmará el verdadero paradigma del western crepuscular como lo hace aquí Sam Peckinpah. Baste como botón de muestra una escena que podría pasar desapercibida. El grupo de bandidos acaba de escapar de una muerte segura en la emboscada que da comienzo al film (ya saben, los maravillosos créditos coronados por el "if they move, kill'em" antes de la aparición del "directed by Sam Peckinpah"). Han llegado a México y, tras la decepción de un botín lleno de arandelas, descansan antes de volver a partir. Pike (irrepetible actor William Holden, aquí y en tantas otras películas) y Dutch (Ernst Borgini), juntos desde que recuerdan, se pasan una botella de whisky, el único somnífero eficaz. Cansado, el carismático líder habla de poner fin a demasiados años fuera de la ley, y su amigo, un bocazas, le replicá cortante: "¿Retirarte? ¿Con qué?" Tras un corto silencio, el personaje de Holden comienza a hablar del próximo golpe; siempre el último. Pero en el fondo se sabe en un lugar común, aunque lo oculte. Sólo sabe matar y morirá haciéndolo. La redención ni siquera entra en el discurso; el retiro, a diferencia del también inolvidable William Munny de Sin Perdón, es una quimera inalcanzable. “Todos soñamos con volver a ser niños, incluso los peores de nosotros. Tal vez los peores más que nadie”, menciona otro personaje durante ese impás casi paradisiaco en el poblado mexicano antes de partir al encuentro del General Mapache (Emilio Fernández). Pero son sólo eso, sueños. Y el espectador de lo que es testigo es de la brutal, casi delirante, realidad de Aguas Verdes.

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En esa misma conversación se inserta un flashback que aclara la relación con el tercer gran personaje de la cinta, Thornton (Robert Ryan), antiguo miembro de la banda y ahora enemigo acechante. Nada personal, salvar su propio pescuezo es lo que está en juego cuando dé caza a sus excompañeros. Es curioso, jamás se encontrarán. Tras flirtear con el género en su versión más clásica, robo a caballo a un tren incluido, Peckinpah no aguarda al final del camino con un duelo al amanecer entre esos enemigos íntimos. Espera con una masacre bajo la manga. Y hay pocas cosas en la historia del cine tan nihilistas como los últimos 20 minutos de Grupo Salvaje, repletos de momentos memorables: Pike agarrado hasta el último momento a la ametralladora –de nuevo, como en la aparición del coche, el progreso-. Los cazarrecompensas saqueando cuerpos aquí y allá, entre buitres, como buitres. Y, finalmente, el cazador (Robert Ryan) y su, hasta ese día, presa (los inolvidables dientes negros de Edmond O'Brien como Sykes) cabalgando juntos como si nada en busca de una última oportunidad junto a las huestes de Pancho Villa por esa frontera a la que Cormac McCarthy dedicó una excepcional trilogía, seguramente influenciada, entre otras muchas cosas, por esta obra maestra.

Es cierto que, visto ahora, el uso y abuso de la cámara lenta puede parecer obsoleto aunque por aquel entonces fuera revolucionario. También cabe el reproche a su exacerbada misoginia, cosa; por otra parte, patente en todo el cine de Peckinpah. En todo caso, me parecen minucias ante un largometraje tan profundo en el retrato de una época y en la exposición del ser humano en su versión más miserable. E
sa es la gran diferencia. Peckinpah no necesitó, como Ford, ajustar cuentas con el western porque su mirada siempre fue desarraigada. Y Grupo Salvaje es su obra cumbre, el reflejo más oscuro y repugnante del género por excelencia del cine americano.

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