Valoración de VaDeCine.es: 8,7
Título original: The Bridge on the River Kwai Nacionalidad: Reino Unido Año: 1957 Duración: 161 min. Dirección: David Lean Guión: Michael Wilson & Carl Foreman (Novela: Pierre Boulle) Fotografía: Jack Hildyard Música: Malcom Arnold Intérpretes: Alec Guinness (Coronel Nicholson), William Holden (Comandante Shears), Sessue Hyakawa (Coronel Saito), Jack Hawkins (Mayor Warden), James Donald (Mayor Clipton) Trailer
La Segunda Guerra Mundial ha sido el conflicto armado más brutal de la Historia, así como uno de sus pasajes en más ocasiones llevado a la gran pantalla. Su desenlace rige algunos de los principales designios del mundo que hoy vivimos. La cercanía en el tiempo de esta salvaje demostración de inmadurez humana impide aún la total imparcialidad sobre su visión, aunque bien es cierto que en los últimos años hemos asistido, al menos en el cine, a una mayor variedad de ópticas de tan siniestro capítulo con films que muestran una perspectiva distinta a la de la “heroica” acción del Ejercito Aliado frente a la “barbarie" nazi, o el “demente imperialismo" japonés. Entre esas grandes superproducciones que, durante las décadas posteriores a la guerra, presentaron esta unilateral visión, encontramos esta película de gran factura que, pese a su exagerado partidismo, se encuentra en el Olimpo del Séptimo Arte.

David Lean, experto en este tipo de colosales producciones, como ratificaría años después con la mítica Lawrence de Arabia (1962), nos regala uno de los mayores clásicos del cine bélico basando su guión en la homónima novela de Pierre Buolle, bastante distanciada, todo hay que decirlo, de los auténticos hechos acontecidos sobre el río Kwai. La película narra la experiencia de un batallón británico prisionero en un campo de concentración japonés, obligado a trabajar en la construcción de un puente sobre el citado río birmano. Su líder, el Coronel Nicholson, tradicional oficial inglés magistralmente interpretado por Alec Guinness, exige el trato de sus hombres de acuerdo a las leyes de la Convención de Ginebra ante la brutalidad del Coronel Saito, (Sessue Hayakawa) que desoye las peticiones de éste. Empeñado en llegar con sus férreos principios castrenses hasta las últimas consecuencias, Nicholson consigue mantener su liderazgo con tesón y, sobre todo, encontrando en el trabajo forzado un vehículo para recuperar la disciplina entre sus hombres, ordenando hacer una demostración de poderío británico con la construcción de un perfecto puente que constituya un monumento a su orgullo y excelencia militar. Paralelamente a esta historia, el comandante americano Shears (William Holden), fugado recientemente del campo, tiene el encargo de destruir el puente en una operación ordenada por el Alto Mando, lo cual contrastará con la visión perfeccionista de un Nicholson que, rozando la demencia, considera su construcción como digna de pasar a la posteridad.

El desfile inicial del batallón británico prisionero entonando la célebre silbada que ha pasado a la historia del cine, muestra la gran organización y optimismo de este ejército que, acaudillado por su magnífico Coronel, da una lección de saber hacer a la tropa japonesa presentada, de manera bastante desacertada, como inepta ante el nefasto liderazgo del vulgar Saito. El gran contraste entre las capacidades de ambos bandos es el gran lunar de un film en el que unos maestros de la ingeniería civil, como son los nipones, acostumbrados a luchar en sus obras contra las fuerzas de la naturaleza como los terremotos, ni siquiera son capaces de acertar con el emplazamiento exacto para el puente hasta que se hacen cargo los 'brillantes' británicos. Un término medio en este aspecto hubiese resultado más adecuado, sin duda. Obviamente, repito, estamos ante uno de esos títulos que nos otorgan una visión distorsionada de la Historia, aunque el conjunto de la obra es de una tremenda calidad tanto por la excelencia de sus intérpretes, encabezados por Alec Guinness que recibió el Oscar por su actuación, como por el impecable acabado del largometraje, merecedor de otras seis estatuillas de la Academia por mejor película, director, fotografía, banda sonora, guión y montaje.

El Puente sobre el Río Kwai, además de una entretenidísima y monumental película de guerra, es un completo manual de psicología frente a ella, encontrando en sus variados personajes distintas actitudes de autodefensa para luchar por mantener la cordura ante tan complicada situación. Todas las acciones de estos militares, tanto de Nicholson como de Shears o del propio Saito son, en cierto modo, entendidas por el espectador que acepta su forma de reaccionar bajo la presión de un conflicto que arrastra irremediablemente a una paulatina pérdida del contacto con la realidad. En definitiva, todo un clásico memorable del celuloide, erigido como uno de los más firmes referentes de su género gracias a una inteligente e irónica trama y, por supuesto, a su elevada categoría técnica digna de todo tipo de elogios.
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Chapó!