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Listado de clásicos por inicial

El fotógrafo del pánico
Escrito por Herbert West. Colaborador   
Jueves, 23 de Junio de 2011


Valoración espectadores: 8.00

Valoración de VaDeCine.es: 8

El fotógrafo del pánicoTítulo original: Peeping Tom
Nacionalidad: Reino Unido
Año: 1960 Duración: 109 min.
Dirección: Michael Powell
Guión: Leo Marks (Historia: Leo Marks)
Fotografía: Otto Heller
Música: Brian Easdale, Wally Stott
Intérpretes: Karlheinz Böhm (Mark Lewis), Moira Shearer (Vivian), Anna Masey (Helen), Maxine Audley (Stephens)


Trailer


Se podría decir que El fotógrafo del pánico y Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) son las películas precursoras del subgénero de terror conocido como slasher. Sin embargo, el psicópata propuesto por Michael Powell en su obra más célebre dista mucho del psicokiller tipo que posteriormente invadiría la gran pantalla. De esta manera, el perturbado homicida no sólo se nos muestra en su faceta de salvaje asesino sin más, sino que se nos expone su lado íntimo, explorando su vertiente más humana. Así, sus impulsos de matar no se deben al puro placer del acto en sí; las razones tienen origen en una tortuosa niñez, lacerada por un padre con una terrible obsesión que irremediablemente se convertirá en la del propio hijo: filmar el auténtico miedo. Para presentar este pasado tumultuoso, imprescindible para entender sus desviaciones psicológicas, el director acierta introduciéndolo de una manera sutil y sin la necesidad de utilizar forzados flashbacks, y lo hace, como no podía ser de otro modo, proyectando grabaciones cinematográficas de su infancia. Y es que, la película se puede comprender como un viaje a las entrañas del cine, un homenaje/crítica a la obcecación del cineasta por perfeccionar su obra hasta límites enfermizos.


La particular forma que tiene el protagonista de perpetrar sus crímenes refleja sus problemas mentales, causas de su evolución hacia un sádico vouyeaur, cuyas inseguridades y miedos son enfocados hacia el género femenino. Prueba de ello es la utilización como arma de un curioso apéndice filoso incrustado en una pata del trípode de su cámara, artilugio que ha de erguir para llevar a cabo su fin; queda palpable la evidente metáfora fálica. Pero no es ésta la única alegoría utilizada por Powell, estando su obra inundada de simbolismos, lo que obliga al espectador más inquieto a repetir el visionado si desea disfrutar completamente de la cinta.


La riqueza del personaje principal no sería posible sin la genial interpretación del actor austriaco Karlheinz Böhm, su asimilación como Mark Lewis es total resultando absolutamente creíble, además de conseguir desconcertar al espectador que no sabe si sentir repulsión o compasión hacia él. Del mismo modo, le dan la réplica tanto la actriz Anna Massey en el papel de Helen -la chica enamorada de Mark- como Moira Shearer quien da vida a la “suegra” ciega de nuestro infame protagonista, personaje muy secundario aunque imprescindible pues conforma la perfecta antítesis del criminal.

No podríamos olvidar las virtudes técnicas del film, ya que cuenta con una impresionante iluminación, también con una ambientación idónea y una utilización del color muy particular que, junto con el arriesgado uso de la cámara, contribuye a dar una apariencia malsana y provocadora. Recursos que no pasarían por alto para cineastas posteriores como Martin Scorsese, quien se dejaría influenciar por este clásico en películas suyas tan renombradas como Malas calles (1973) o Taxi Driver (1976).

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