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E.T., el extraterrestre
Escrito por Inmafun   
Miércoles, 27 de Julio de 2011


Valoración espectadores: 8.60

Valoración de VaDeCine.es: 8,0

E.T., el extraterrestre (Steven Spileberg, 1982)Título original: E.T.: The Extra-Terrestrial
Nacionalidad: Estados Unidos
Año: 1982 Duración: 115 min.
Dirección: Steven Spielberg
Guión: Melissa Mathison
Fotografía: Allen Daviau
Música: John Williams
Intérpretes: Henry Thomas (Elliott), Dee Wallace (Mary), Robert McNaughton (Michael), Drew Barrymore (Gertie), Peter Coyote (Keys)


Trailer

Allá por el 77, el Rey Midas del séptimo arte estrenaba Encuentros en la tercera fase, obviando todos los cánones y presentándonos a unos musicales marcianos que se alejaban por completo de los estereotípicos platillos volantes exterminadores que habían prevalecido en décadas precedentes. La imagen del alienígena como amenaza, tan presente en el cine de los 50 y los 60, estaba, gracias a Spielberg, a punto de evolucionar para presentarnos una cara aún más amable y conciliadora del fenómeno ovni: su celebrada y celebérrima E.T., el extraterrestre.

Barrymore se despide del entrañable E. T.

A principios de los 80 las mentes privilegiadas de la industria cinematográfica daban forma a innovadores y estudiados proyectos sci-fi de la talla de Tron (Steven Lisberger, 1982), La cosa (John Carpenter, 1982) o Juegos de guerra (John Badham, 1983), todas ellas caracterizas por reverenciar la técnica, ahora tratada con devota admiración y profusa meticulosidad. Spielberg decide nadar contracorriente a esta tendencia e infantilizar hasta límites insospechados el tándem formado por ciencia y contactos interplanetarios. Usar como reclamo unos caramelos Reese´s Pieces o utilizar un Speak & Spell como intercomunicador galáctico no hicieron sino acercar al público infantil un fenómeno que hasta ahora había sido exclusivamente destinado a adultos y especialmente a adolescentes. Lo paradójico, disparatado y deliciosamente pueril de las situaciones presentadas en E.T., el extraterrestre supusieron un transgresor contrapunto que hizo frente a la esmerada tecnología que inundaba la ciencia ficción de la época ofreciéndonos un fairy tale cósmico para todas las edades.

Y no es de extrañar por tanto que los paralelismos con el Peter Pan de James Matthew Barrie se sucedan en numerosas ocasiones remitiéndonos al mágico cuento, incluso de manera literal, en determinadas escenas. Estandarte de la consabida exclusión del hermano mediano, Elliot, el joven protagonista, se convierte en un prematuro Peter Pan marginado del mundo de los adultos. Encontrará su particular País de Nunca Jamás en la sincera y desinteresada amistad con el desconcertante hombrecillo marrón que, sorprendentemente, generación tras generación, sigue despertando en los niños esa extraña mezcla de repulsión, temor y simpatía que todos experimentamos con el primer visionado y en la que podría encontrarse la clave del éxito.

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Un elemento vital en la cinta es la cotidianeidad que envuelve la trama. En clave autobiográfica, Spielberg nos presenta las consecuencias de un divorcio en el núcleo familiar, la prepotencia del hermano mayor, la candidez del pequeño, el placer de mantener un secreto a salvo de los adultos o el duro trabajo que supone fingir una gripe y trucar un termómetro. En la cuidada sencillez del detalle reside uno de los mayores atractivos de este excepcional trabajo que marcó una época por su coherente analogía con los gustos infantiles de la época.

La gallina de los huevos de oro fue clonada de inmediato y con premura eclosionaron un sinfín de trabajos que, descaradamente, bebían de la misma fuente. Los creadores de Los bicivoladores (Brian Trenchard-Smith, 1983), Mi amigo Mac (Stewart Raffill, 1988) o Cortocircuito (John Badham, 1986) supieron llegar a tiempo para hacerse con su pedazo de efímera gloria. No obstante, el tiempo es la mejor tumba para los oportunistas y el plagio y la infamia, paulatinamente, han dado lugar a la innegable influencia y al reconocimiento. Míticos programas de la década de los 90 como El mundo de Beakman explotaron el binomio ciencia-infancia del que Spielberg fue pionero indiscutible. La gamberra ALF fue en sí misma una parodia de E.T y supo ofrecernos capítulos verdaderamente desternillantes. Hoy en día, la influencia sigue siendo indiscutible y, en la actualidad, series como American Dad siguen explotando una traslación del mítico personaje. Lo que es innegable es que en 1982 un director tocado por la diosa fortuna supo acercar dos mundos que hasta entonces habían sido excluyentes: cine apto para todos los públicos y ciencia ficción, quedando ambos desde aquel mismo instante unidos en un vínculo indisoluble y que se ha ido consolidando con el paso de los años. Un acercamiento de lo más loable... y, no olvidemos, tremendamente rentable.

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