Valoración de VaDeCine.es: 9.5
Título original: Ran Nacionalidad: Japón Año: 1985 Duración: 160min. Dirección: Akira Kurosawa
Guión: Akira Kurosawa, Ideo Oguni, Masato Ide (Novela: King Lear de William Shakespeare) Fotografía: Takao Saito, Masaharu Ueda Música: Toru Takemitsu Intérpretes: Tatsuya Nakadai (Hidetora), Daisuke Ryû (Saburo), Akira Terao (Taro), Jinpachi Nezu (Jiro) Trailer
De las tragedias de Shakespeare, los estudiosos suelen considerar King Lear la más desesperanzadora y cruenta de todas. Las vilezas humanas más indignas toman la escena y se convierten en protagonistas indiscutibles, siendo la armonía del universo amenazada en un macabro juego de refracción en el que cada mala acción del pasado encuentra el modo de reverberar en el presente.
El maestro Kurosawa, en la que sería su última cinta épica, adapta a la perfección la concepción teatral del grande del teatro isabelino, recreando un escenario propicio para la traición familiar, la venganza y las malas artes. El clan Ichimonji será el objeto de la catártica mano del sino, que devolverá un contundente revés a los indignos hijos del anciano Hidetora, el patriarca del ancestral clan. Tras abdicar en su primogénito, Taro, al cual cede su primer castillo, insta a Jiro y Saburo, segundo y tercer vástago respectivamente, a que juren fidelidad al nuevo monarca en una legendaria escena en la que un haz de flechas se vuelve metáfora de la importancia de la unidad familiar.
El derrumbe moral y ético de los personajes se acompasa con el desmoronamiento físico de un majestuoso imperio en el que el lujo y la ceremonia darán paso a un implacable derramamiento de sangre del que nadie quedará a salvo. Enmudeciendo el estruendo del combate, la historia avanza tocada con una colosal banda sonora, creación de Toru Takemitsu, en un baile macabro de notas, flechas y sangre. El tono minimalista acompaña las escenas más intimistas, reduciéndose a los agudos lamentos de un mero flautín.

Las interpretaciones destacan por su teatralidad, especialmente la del viejo Hidetora, poseído por una locura inducida ante el desolador sentimiento de abandono y traición. El destronado monarca vaga por una fotografía majestuosa de exuberantes páramos y ruinas, espectro errante testigo y víctima de la decadencia de un glorioso imperio levantado con sangre y que emite sus últimos destellos teñidos también de sangre.
Kurosawa estudia los entresijos del comportamiento humano tomando como referencia la acción más que la palabra. El diálogo, parco pero certero, queda por momentos relegado a un segundo plano, siendo las maniobras de los personajes las que declaman en su nombre. En las obras de Shakespeare solemos encontrar un astuto sirviente. En esta espléndida adaptación, el emblemático bufón real, en un juego de paradoja, es el que se vale del lenguaje para confirmarnos que él es el único personaje capaz de emitir juicios válidos. Será además el que permanezca leal a Hidetora, siempre a su lado, incluso cuando la demencia se apodere de sus sentidos.
El lenguaje visual aporta gran parte de la majestuosidad de la cinta. Kurosawa explota al máximo el uso del color, evocando sensaciones tácitamente en cada momento mediante el empleo de las diferentes tonalidades en un festival visual en el que el cuidado cromatismo toma el mando de nuestros sentidos. De este modo, la obra se torna un collage artístico en el que los matices pictóricos y musicales, así como el lirismo y la épica medieval se funden en la que quizá sea una de las más grandes y personales adaptaciones literarias de todos los tiempos.

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Anoche mismo la volví a ver y me pareció sensacional. Me encantaría disfrutarla algún dia en pantalla grande. Impresionante.