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Zinemaldia 2011, últimas impresiones
Miércoles, 05 de Octubre de 2011


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Por Alba Cantón (Colaboración)

Los últimos días en San Sebastián fueron un no parar de tratar de ver películas. Bajaba en mi funicular (porque era para mí sola, nadie más viajaba) a eso de las diez de la mañana, caminaba por la Kontxa hasta la parte vieja de San Sebastián, y o bien pasaba a ver alguna película, o a la rueda de prensa que tocara o a realizar las entrevistas que tenía solicitadas. Al intentar hacer de todo, al final no me dio tiempo a nada. El Zinemaldia, al menos en cuanto a la organización de este año y comparándolo con otros festivales, no es un festival para periodistas. Nada más llegar me dejaron un folio Din A4 con las películas en pase de prensa, y como mucho las repetían dos veces para los que no pudieran asistir a un sólo horario. Y si por casualidad tenías otro asunto a esa hora ya podías apañártelas o bien sacando la entrada con antelación o pagando. Como me sucedió en una ocasión. Me costó bastante atender a tantas cosas, las entrevistas me llevaban al menos dos horas entre la espera y la ejecución y al final pareció que apenas había visto películas. Y me perdí muchas que me hubiera encantado haber visto.

Últimas impresiones del Festival de San Sebastián 2011

Vayámonos al jueves, sexto día de festival. Después de entrevistar a Benito Zambrano y tomarme unos pintxitos viajé hasta el Cine Principal para ver Tyranosaur, de Reino Unido. Una historia fría y dura en la que lo más destacable son las actuaciones. Es la historia de una amistad inmiscuida en lo terrible y sucia que puede ser la vida a veces, cuando te ha pasado lo peor y no se sabe cómo seguir adelante. Una amistad entre Joseph, un alcohólico de largo bagaje y Hana una tendera con un terrible peso familiar. Todo comienza cuando Joseph va día tras día a observarla a través de los cristales del escaparate, pues dice, es la única persona que le sonríe, y así comenzarán a conocerse el uno al otro. Descubriendo su desgraciada situación y pasado. Una película plana tan sólo aprovechable por la gran actuación dentro de una producción de bajo coste, y donde es bonito descubrir lo dulce en el mundo de lo áspero.

Después, otra película en la misma sala. La esperada Le Havre de Aki Kaurismaki. Salimos de la sala y vuelta a hacer cola. Mucha parecía la gente que estaba esperando para ver este filme que tanta expectación causó en Cannes. Me apetecía un poco de Kaurismaki, de humor finlandés en Francia, pues está rodada en la ciudad marítima de Le Havre, que le da el título. Pero no no me enganchó para nada. De hecho no le vi la gracia ni capté un atisbo de inteligencia más allá de los juegos simbólicos, la iluminación predeterminada o los simples diálogos. Quizá no era una buena hora para ver la película (las 4 de la tarde) o que no había tomado suficientes pintxos para comer, no lo sé, pero no le encontré nada significativo a la película.

Le Havre, de Aki Kaurismaki

Después me tocó Americano de Mathieu Demy, el hijo de Vardá y Jacques Demy de los que ya hablé los primeros días. Vuelta al mismo cine, a los mismos asientos antiguos que te hunden y que si eres un poco bajito te impiden ver bien la pantalla (es el cine en el que proyectan la gran mayoría de pases de prensa). Para el público, el Kursaal o el Victoria Eugenia, claro, como pagan... Da igual que el periodista esté allí trabajando...

Y otro truño que me metí para el cuerpo... ¿Pero Mathieu, por favor, qué es esto? ¿Qué has querido contar? ¿A cuento de qué protagonizas una historia en la que el personaje  es tan soso? Mucha Geraldine Chaplin, Salma Hayek y Carlos Bardem en el reparto, pero realmente, ¿qué quería decir este hombre con la película? Comienza en París, se va hasta L.A por problemas con la herencia de su madre, persona a la que apenas conoció realmente, y acaba perdido en Tijuana, buscando un atisbo de la vida de su madre. Buenas localizaciones, pero poco más. Y lo que quizá pueda estropear aún más el mensaje de la película es el lap dance de Salma Hayek, que aunque está estupenda, no le pega para nada. Parece que Mathieu quisiera centrarse en eso y poco más. No entiendo nada, ni siquiera las imágenes que utiliza reales de un documental de Agnés Varda cuando él era pequeño y en el que aparecen los dos. No sé como sería Agnés en su juventud, pero yo me sentiría insultada con una película así.

Y tras tantos intentos de ver una buena película, por fin, la última del día, Extraterrestre de Nacho Vigalondo. Y qué bueno es el Vigalondo. Con poco presupuesto consigue contarnos una historia diferente y divertida. Cada vez me gusta más, quizá por la capacidad sorpresiva que te ofrece. Todo comienza una mañana, cuando Julio y Julia, una pareja que no se conoce de nada, se despierta en plena resaca sin lograr recordar qué es lo que pasó la noche anterior. Propone una comedia romántica de ciencia ficción. Todo en uno. Pues esa misma mañana se cierne sobre Madrid un OVNI gigante y entonces la vida de los personajes cambia. Aparece el vecino (un genial Carlos Areces) y el ex novio de Julia (Raúl Cimas, ambos actores de Muchachada Nui) y comienza la fiesta, una sucesión tras otra de diálogos y acciones surrealistas hace al espectador estar toda la película riéndose. Con pequeños guiños de humor manchego. Genial.

Extraterrestre, de Nacho Vigalondo

Al día siguiente San Sebastián espléndido, mar azul y calor hacía de la Concha, un bellísimo lugar donde pasar el viernes. Pero era mi último día y había que aprovechar para ver al menos dos películas más. La primera fue The Artist de Michel Hazanavicius una película muda y en blanco y negro. Emocionante y novedosa propuesta, aunque más bien al final queda como un homenaje al cine mudo de Hollywood de principios de siglo. Tiene gusto y clase, pero ya que se metían en faena, podrían haberle dado una vuelta y haber creado una película muda con otros detalles, haberle dado otro tipo de vida. Así al final queda como la película muda que se hizo en el 2011... no como “esa“ gran película muda novedosa del 2011. Pero vamos, es tan sólo mi impresión porque pareció gustar y mucho entre el público. Ganó el premio del público finalmente, y en Cannes el protagonista, Jean Dujardin ya se había llevado el premio a Mejor Actor. Es bonita, tiene momentos muy tiernos y seguramente guste muchísimo.

La última película a la que asistí, fue a la proyección de clausura, Untouchables, una francesa de humor. En principio es la típica película que trata de la vida de un tetraplégico rico riquísimo de París y su encuentro con un cuidador peculiar. Pero es muy divertida, pasé un gran rato. Química entre los dos actores protagonistas, con lo cual tiene más gancho, François Cluzey y Omar Sy.

Y así me despedía de San Sebastián. Paseando de noche por la Concha para despedirme y viendo de amanecer en un autobús. Había pasado tan rápido que aún me quedé allí unos días sin saberlo...

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